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La diáspora margariteña del siglo XX

18/02/2012 08:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Homenaje permanente a la mujer margariteña

Homenaje permanente a la mujer margariteña.

LA DIASPORA MARGARITEÑA DEL SIGLO XX

Absalón Davis Infante

Premio Italia de Cultura

Desde su génesis, Margarita ha sido tierra de héroes y tradiciones. Si bien los inicios coloniales de la historiografía insular refieren un amable guaiquerí cuando recibió al colonizador español, también rememoran un valeroso guerrero cuando se pretendió usurpar su dignidad, dando pie en 1520 a la expulsión del peninsular de nuestras islas.

Por otra parte, la incomparable valentía y pundonor de nuestros próceres insulares, manifiesta en innumerables acciones heroicas durante la independencia, promovieron la toponimia de Nueva Esparta en 1817, cuando el valor margariteño fue comparado a los combatientes “espartanos” que destacaron por su bravura en las Guerras Médicas del siglo VI ad C.

Si bien el valor en combate se expresa con acciones heroicas y sacrificios, tales atributos pueden demostrarse fehacientemente cuando se lucha por la vida y la subsistencia. Referimos este parangón por considerar que en Margarita se tiene una deuda con la mujer margariteña, por estar pendiente un justo reconocimiento por demás justificado, al superar con creces los efectos adversos que impusiera la diáspora del siglo XX, cuya emigración forzosa dio origen al Matriarcado insular.

Por siempre, la naturaleza ha sido rigurosa con Nueva Esparta, pero durante las primeras décadas del siglo XX, las sequías, hambrunas y falta de empleos, propiciaron el desplazamiento masivo de los margariteños al influjo del petróleo, solicitados por su amplia experiencia en el buceo.

Prueba estadística de aquel fenómeno migratorio, lo constituyen los Censos Nacionales de Población realizados en 1926 y 1941 principalmente, cuando ambos resultaran prácticamente idénticos al censarse poco más de 69 mil habitantes en cada empadronamiento. El Censo Nacional de 1950, registró para Nueva Esparta 76 mil habitantes, época cuando las condiciones socioeconómicas del país habían comenzado a cambiar, dados los efectos de las políticas petroleras y por incorporarse mano de obra europea luego de la devastadora II Guerra Mundial.

En contraposición a los efectos de la diáspora, se propició el Matriarcado, se promovió el aporte margariteño al desarrollo inicial de la industria petrolera en Monagas, Delta Amacuro y Zulia, se concurrió a fundar poblaciones y se estableció el gentilicio en tales regiones.

Durante la diáspora, como réplica natural de otras etapas, los pueblos carecían de agua potable y padecían de sequía recurrente.

Tampoco había luz eléctrica. La primera planta de electricidad se instaló en Porlamar en 1925. Para octubre de 1945, solo Porlamar, La Asunción, Pampatar, El Valle del Espíritu Santo, San Juan Bautista, La Guardia y Punta de Piedras, contaban con alumbrado eléctrico.

A la carencia de agua y luz, la inexistencia de carreteras limitaba la interconexión entre los pueblos. Lo peor de aquella rigurosidad, eran las escasas fuentes de trabajo, la dificultad de producción agrícola y el escaso aprovisionamiento de alimentos, deficiencias globales que provocaban situaciones de hambruna, no tanto por la escasez de dinero sino por la poca disponibilidad para comprar alimentos, lo cual obligaba a aplicar el ingenio para subsistir ante las dificultades causadas por la naturaleza.

Para subsanar las carencias, el contrabando proveía productos. Ante la escasez permanente del agua, las épocas de lluvia auxiliaban en las necesidades del hogar y en épocas extremas, largas caminatas debía emprender la población para conseguir el agua en límpidos ríos, albercones y manantiales. La ropa para el trabajo era rudimentaria, siendo de apoyo los sacos de harina “Gold Medal”, utilizados para elaborar pantalones y mantas para dormir.

Frente aquel cuadro desolador de la Margarita rural, hizo presencia imprevista el boom petrolero, cuando en diciembre de 1926 reventara el pozo Barrosos-2, en el estado Zulia, cuyo embrujo de salarios promovió el rápido abandono de la isla a niveles determinantes, contribuyendo a disminuir la escasa productividad insular y al abandono forzoso del hogar cuando el padre de familia debió partir a tierra firme en búsqueda de mejores ingresos para el sustento familiar.

CENSOS NACIONALES.

PRESIDENTES

Juan Vicente Gómez: FECHA DEL CENSO: 1920 (1º Enero) 56.035 Habotantes.

Juan Vicente Gómez. FECHA DEL CENSO 1926: (31 Ene.). 69.392 Habitantes.

Eleazar López Contreras. FECHA DEL CENSO: 1936 (26 Dic.). 73.375 Habitantes

Isaías Medina Angarita. FECHA DEL CENSO: 1941 (7 Dic.) 69.195 Habitantes

Germán Suárez Flamerich FECHA DEL CENSO: 1950 (26 Nov.) 75.899 Habitantes

Con las estadísticas censales puede comprobarse como la población de Nueva Esparta no aumentó: Los censos de 1926 y 1941 revelan poco más de 69 mil habitantes.

En la complejidad de carencias, necesidades y soledad, salió a relucir la sangre guerrera y valerosa de la mujer margariteña, cuya profundidad de espíritu, nobleza, capacidad de adaptación y conducta ejemplar, le permitió cuidar los hijos, la casa y arrear pa´lante, al hacer las veces de padre y madre. El fenómeno poblacional que propició la desarticulación familiar, e implicó modificar los patrones internos del hogar, dio origen al Matriarcado, por lo cual ha sido común en la isla identificar a los hijos en términos de su madre, en lugar del padre. Nicanor hijo de Chía.

El efecto sociológico de la diáspora permite afirmar, que por su coraje, entereza y entrega total a la familia y el hogar, las madres margariteñas se hicieron acreedoras a un pedestal honorífico de dignidad y respeto para siempre.

Ante las implicaciones de aquella historia reciente, sugerimos construir un Monumento como homenaje permanente a la MUJER MARGARITEÑA, ubicado a entrada de la isla, para que propios y extraños conozcan y recuerden que además de los valerosos guaiqueríes y nuestros próceres de independencia, aquí en la isla hubo centenares de madres margariteñas que enfrentaron la vida como padre y madre, al sostener el hogar con decisión, entereza, dignidad, sacrificios y nobleza, en épocas de máxima dificultad.

En esta acción, podría incorporarse al cronograma de nuestras tradiciones el Día de la Madre Margariteña, para recordar cada año, con cariño y admiración, la época del Matriarcado.

Como aspecto comparativo al monumento propuesto, al pescador artesanal le fue concedida una escultura en la Redoma de Los Robles como reconocimiento al hombre recio de la Margarita tradicional y emprendedora, motor de nuestra economía primaria y aportante directo a la alimentación del pueblo neoespartano.


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