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Décadas de lucha ecologista por el futuro del planeta: "Necesitamos acción para cambiar el rumbo que llevamos"

25/11/2020 00:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Como dijo el Premio Nobel Henric Böll, "entrometerse es la única forma de ser realista", y la realidad es que el planeta no puede seguir sosteniendo el modelo de desarrollo actual. En los últimos 20 años y a medida que la emergencia climática se iba haciendo más inquietante, los movimientos ecologistas han ido multiplicándose y ganando fuerza hasta llevar el debate al tablero político. Hasta los años setenta, el movimiento ecologista no cobró sentido. En España, existían pequeñas asociaciones locales, centradas en asuntos concretos que les afectaban directamente. Poco a poco, esas asociaciones se fueron uniendo y gestando una amalgama de confederaciones y organizaciones que se convertirían en las antecesoras de los actuales movimientos y organizaciones ecologistas (Ecologistas en Acción, Greenpeace, WWF, etc.).

Ahora, muchos hablan ya del nacimiento de una 'hegemonía verde', fundada por los jóvenes que se niegan a aceptar el peligroso legado que están destinados a heredar si no se produce un cambio significativo. "¿De qué sirve ir a la escuela si no tenemos futuro?", dijo la activista sueca Greta Thunberg, haciendo que las nuevas generaciones de todo el mundo se plantearan, con consciencia, el significado de esa pregunta y acabaran siendo una parte fundamental de la lucha contra el cambio climático. No obstante, toda lucha necesita su tiempo y se han conseguido ciertos logros en materia medioambiental; pero, tanto expertos como activistas, llevan años alertando del poco margen de reacción con el que contamos hoy en día. Esa urgencia, por tanto, se ha convertido en el centro de las vindicaciones globales, que han ido ganando voz y protagonismo y lograron acumular la atención de todo el planeta en la que ya es considerada como la Cumbre del Clima más larga de la historia: la COP25, celebrada el pasado diciembre en Madrid.

Solo han pasado 50 años desde que empezara a hacerse visible la lucha por el planeta y, desde entonces, las reivindicaciones y estrategias de presión han evolucionado, pero el foco es el mismo: si no revertir, detener el proceso que está provocando el deterioro del planeta y defender un modelo de vida que sea compatible con el medio ambiente. Todo ello, con un factor de urgencia marcado por la reducción del tiempo para actuar. Los movimientos ecologistas se han comprometido durante décadas en recordar a los gobiernos, a las grandes empresas y a la ciudadanía la importancia de mantener el entorno en pro de la calidad de vida, y del futuro. Ahora, han visto su lucha interrumpida por nada más y nada menos que una pandemia global ?una consecuencia más de las agresiones del ser humano al medio ambiente y a la biodiversidad ?, pero aseguran estar concentrados en seguir avanzando en una lucha que, al fin y al cabo, es en beneficio de todos.

Yo estaba ya trabajando en WWF llevando los temas de educación ambiental y, cuando en el año 2002 se creó la oficina española de cambio climático hicimos una planificación donde cambiamos un poco las áreas de trabajo. Yo veía que la educación ambiental no podía centrarse únicamente en las escuelas y en los niños, sino que también era muy necesario hacer procesos educativos en el sentido de sensibilización y participación para otros sectores. Entonces yo dije "vale, pues ahora mis destinatarios, en vez de ser los estudiantes o los profesores, pasarán a ser los políticos y los empresarios".

Yo he notado una evolución. En los últimos 20 años, las empresas han empezado a darse cuenta de que los temas del cambio climático eran realmente importantes, y no solo un tema de responsabilidad social corporativa. Fue entonces cuando empezaron a integrar en sus decisiones las consecuencias del cambio climático, porque si excedían los derechos de emisión que el Gobierno les asignaba, tenían que comprarlos en un mercado. Entonces, cuando empezó a ser un tema económico, empezaron a tomárselo en serio. Ese fue el primer paso, y luego se ha ido reforzando más. En el año 2002, por ejemplo, las empresas veían este tema como algo muy lejano. Entonces, creo que en eso sí que se ha progresado. Se ha avanzado mucho en la sensibilización de que el cambio climático es algo real, de que es algo que nos está afectando y que, si no se toman medidas, puede ser dramático.

Es verdad que muchas empresas lo han interiorizado, pero luego no significa que estén haciendo lo que se necesitaría para contribuir. Lo mismo sucede con la política. Ahora se han presentado enmiendas a la Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Nosotros hemos visto las enmiendas y, tanto el proyecto que ha presentado el Gobierno, como las enmiendas que han presentado los partidos políticos, todavía no son suficientes. Se ha avanzado mucho, por supuesto. Incluso los objetivos que se presentaron en el anteproyecto eran mucho más ambiciosos que los de anteriores gobiernos, pero aún así se está hablando de un objetivo del 20% en cuanto a reducción de emisiones para 2030; cuando, según la ciencia, necesitaríamos un objetivo de en torno a un 55% en reducción, respecto a las emisiones de 1990.

Todavía vemos que, si bien se asume que es algo importante, que existe, que hay que hacer algo; luego, a la hora de tomar acción, todavía no se da el salto necesario para que los compromisos (tanto a nivel político como a nivel empresarial), sean suficientemente ambiciosos como para prevenir riesgos muy importantes a nivel ecológico, económico y social.

Si te hablo con una perspectiva de 20 años, como te decía, al inicio nadie lo consideraba como algo realmente urgente. Yo creo que ahora mismo ya nadie lo considera como algo futuro, ya se considera como algo presente. Pero no se percibe la urgencia para actuar al ritmo necesario ni con la ambición necesaria. Yo creo que la razón de esto es que estamos acostumbrados a hacer los cambios de una forma incremental. Es decir, hoy hago un poquito, mañana hago otro poquito... pero el cambio climático no es incremental, y eso es lo que nos preocupa. Si se llega a unos determinados umbrales como nos dice la ciencia, ya pueden ser cambios irreversibles. Por eso es muy importante, por ejemplo, no superar el aumento de temperatura global de 1, 5ºC, según se establece también en los objetivos del Acuerdo de París. Sin embargo, los objetivos que se presentaron en 2015 por parte de los distintos países, si sumabas un poco a qué temperatura nos llevaría eso, superaba los 3ºC.

Podemos compararlo, por ejemplo con la crisis sanitaria que estamos atravesando ahora. Es una crisis que ha llegado de repente y además ha producido cosas que eran totalmente impensable. Era impensable, que el mundo se parase, y sin embargo esta crisis lo ha parado. Vamos a ver si cuando lo reiniciemos, lo hacemos hacia un rumbo que sea más sostenible; porque si no, al final nos vamos a encontrar con una crisis de dimensiones incluso mayores.

La crisis climática está aquí, y hay zonas del mundo donde ya está siendo muy dramática. Es en los países en desarrollo, por ejemplo, donde las sequías prolongadas o las inundaciones están provocando verdaderas catástrofes. En estos países, además, no tienen un sistema de Seguridad Social que pueda compensar de alguna manera esto, y genera grandes hambrunas y/o migraciones. Los países más desarrollados quizás no lo estamos sufriendo con esa virulencia, pero está claro que un país como España -que estamos en la Cuenca Mediterránea, es una península, con lo que el tema de la subida del nivel del mar, con el tema de las sequías, de las olas de calor, etc.- ya está empezando a afectarnos y nos va a afectar mucho más si no damos ese cambio necesario, que quizás es un poco abrupto, pero que si no lo hacemos lo será muchísimo más en el futuro.

Yo creo que la pandemia tiene dos caras. Depende cómo actuemos, la pandemia puede ser un freno a la lucha contra el cambio climático; o, por lo contrario, algo que la acelere, y una oportunidad para encauzar ese rumbo. Va a venir mucho dinero de Europa, hasta 140.000 millones para España. Entonces, si utilizamos ese dinero, por ejemplo, para acelerar la descarbonización de nuestra economía y la reconversión del transporte hacia un transporte libre de emisiones. Utilicemos también ese dinero para reforzar nuestros ecosistemas, que también absorban CO2, que actúen de sumideros y a la vez protejamos la biodiversidad, (recordemos que es el mejor escudo contra las pandemias). Ahora mismo, yo prefiero verlo como una oportunidad. Primero, porque se ha parado el rumbo que nos iba a llevar hasta el precipicio y nos da la posibilidad de reconducirlo. Y porque además nos van a dar recursos para ello. Es también un poco el lema de la educación ambiental: "Piensa globalmente, actúa localmente". Eso es algo que tenemos que aplicar a la lucha contra el cambio climático

Una victoria sería el tema de que la juventud ha entendido y ha asumido que es necesario este cambio de rumbo; y es una juventud que está preparada, que además está viendo y sufriendo, en sus propias carnes, la falta de oportunidades. Además, yo creo que para la lucha contra el cambio climático es necesario un cambio de valores (que es lo que ha aportado las nuevas generaciones). Valores que quizás en mi propia generación -y sobre todo en esta sociedad consumista y desarrollista- están un poco dejados de lado. Asimismo, los jóvenes son los que van a tomar también decisiones en el futuro y son los que están viendo que gran parte del futuro depende de su lucha. Las decisiones que está tomando la generación actual están afectando a su presente y van a afectar su futuro. Entonces, que haya muchos jóvenes que no estén dispuestos a ello, me parece que es un motor importante de energía para poder cambiar.

En cuanto a los fracasos... ha habido muchos pequeños fracasos. Nosotros siempre, en todas las COP, decimos que se ha perdido la oportunidad, que se necesitaba más. Yo creo que un fracaso importante es que en las cumbres del clima prevalecen los intereses de los países frente al interés colectivo y el bien común, que es lo que se debería de perseguir. Y, sin embargo, muchas veces en estas cumbres del clima se dirimen más temas de hegemonía política, que el tema real de la lucha contra el cambio climático y de qué podemos hacer y aportar cada país para contribuir a esta lucha; que es una lucha común por un bienestar común.

Pues mira, yo te puedo hablar de una organización como la nuestra. En WWF nosotros tenemos una posición constructiva, consideramos que quien es la causa del problema, es la causa de la solución. Y entonces trabajamos con los grupos políticos y sectores que suelen influir en la toma de decisiones, para conseguir que esas decisiones estén informadas y que vayan orientadas hacia ese bien común y protección del medio ambiente. Por ejemplo, estamos trabajando con el sector financiero para que ellos mismos reconduzcan sus flujos de inversión porque si no, van a perder valor; es decir, lo que tengan invertido en petróleo, en gas, en carbón, etc. Trabajamos de manera más proactiva. Intentamos además llegar al núcleo del problema y buscar soluciones conjuntas.

Y lo que veo yo del movimiento de los jóvenes es que trabajan desde otro lado. Es decir, nosotros trabajamos desde la 'cocina' (por explicárselo con una metáfora), y los jóvenes trabajan desde el comedor y dicen "no, pero es que este plato a mí no me gusta y por lo que vamos a cambiar el plato, vamos a cambiar el comedor, etc." Es también muy necesario, porque esas voces son las que al final llegan a la cocina y en la cocina tienen que decir "pues vamos a tener que cambiar el menú porque este menú ya no funciona".

Ahora mismo el futuro de la lucha está en la unión. Hemos visto que la lucha ecologista como tal no es suficiente, que necesitábamos buscar sinergias y unir fuerzas. Hay que crear plataformas donde estemos los ecologistas, las organizaciones de consumidores, organizaciones sociales, sindicatos, organizaciones científicas, etc. En definitiva, un movimiento unido donde cada uno aporta una perspectiva distinta para solucionar un problema que es común y aprender unos de otros. Yo creo que además, al hacer esto, lo que hacemos es llegar mucho más a la sociedad, porque la sociedad es plural, ¿no? De esta forma, vamos a buscar estrategias comunes para conseguir ir al fondo del problema y para conseguir aportar al máxio por este beneficio común, que no es otro que cambiar el modelo por la supervivencia y la calidad de vida.

Bueno, el principal problema es que no somos conscientes. Actuamos como si tuviéramos un mundo infinito y pudiéramos seguir explotando como la gallina de los huevos de oro. Estamos sobre explotando los recursos, estamos acumulando mucha riqueza en una parte del mundo, a costa de otros países y con unos recursos que son insostenibles. Además, hay que ser conscientes de que las emisiones que se producen en una parte del mundo van a tener las mismas consecuencias que en cualquier otra parte. Y eso incrementa la injusticia social, porque al final los que están sufriendo más son los países en vías de desarrollo, cuando son los menos responsables del de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Sería un escenario donde la riqueza estuviera mucho más repartida y estuviéramos más en contacto con el medio natural. Un mundo en el que aprendiéramos la manera de producir y lo hiciéramos escuchando cómo funciona la naturaleza, con quien parece que hayamos perdido toda conexión. Vamos a aprender de la naturaleza; cómo produce, cómo absorbe, etc.

Por otra parte, creo que no necesitamos consumir tanto, pero sí mejor. Por ejemplo en el tema de la ropa, tenemos unos armarios desbordados de ropa, pero a lo mejor la ropa que estamos utilizando no está hecha del mejor material para nuestra piel. Y lo mismo con la alimentación, en la manera de desplazarnos, etc. Y luego, una cosa muy importante es no intentar satisfacer necesidades que son más espirituales (necesidades de relación, de reconocimiento, etc.), con bienes materiales; porque nunca se satisfacen, y siempre queremos más y más y más.

Pues le diría que se detenga y que piense cuál es su influencia en el cambio climático en un día normal de actividad. Por ejemplo, cómo te estás transportando, lo que estás comiendo, las luces que estás encendiendo, la calefacción que estás poniendo... simplemente para ser consciente. Partiendo de esa base, haría que se planteara una pregunta: "¿Qué crees que podrías cambiar para que tu actividad fuera más sostenible?". Y luego hay otra cosa muy importante una vez se haya tomado esa conciencia, que es decidir quién nos va a gobernar y tenerlo en cuenta a la hora de votar. Es decir, tener en cuenta también qué están presentando los políticos (sobre todo a nivel local), que está haciendo tu ayuntamiento con temas ambientales, dónde está poniendo el foco, si está promoviendo el autoconsumo o no, etc.

También el hecho de que haya algunas empresas o algunos grupos políticos que empiecen a hacer las cosas de otra manera, ya muestran el camino que se puede seguir. Es muy importante mostrar ese camino para que las personas tengan también esperanza, porque lo que no se puede simplemente es hacer la crítica, hay que dar una salida, porque necesitamos acción para cambiar el rumbo.

Es una serie de cosas. Vas viendo que las cosas cada vez van a peor, te vas informando y vas descubriendo que hay ciertas cosas que no cuadran en cómo te está informando. Yo siempre he tenido una mente un poco científica y recuerdo que después de la crisis de 2008, siempre hablaban de "crecimiento de la economía", y siempre he tenido la creencia de que hay cosas que no pueden crecer eternamente. A partir de aquí, pues vas investigando, a partir también de profesores que te hablan de sostenibilidad, etc. Llevo un año en Fridays For Future y ha sido un año de cambio.

En el último año se consiguió mucho que, a base de las movilizaciones sociales, haya cambios en la política, que se declarara la emergencia climática y que hubiera más parte de la sociedad que estuviera volcada y que supiera qué es el cambio climático. Pero, a la vez, esto también hace que muchos de los políticos hayan cogido parte de las palabras que nosotros hemos usado, cambiando su 'contenido'. Utilizar "transición energética" o "cambio de modelo", son palabras que nosotros utilizamos, pero están cambiando el contenido de dentro, porque hay ciertas cosas que no son viables, y se necesita una reducción del consumo de las energías, sino no es posible. Sí que es verdad que hace que mayor parte de la población se dé cuenta y que haya más leyes; pero no son suficientes y aún siguen teniendo una mentalidad que siguen dentro del mismo modelo.

Para mí, tienen una visión muy reducida del problema. Sobre todo, cuando hablamos de la Unión Europea. Las soluciones las veo muy utópicas, no tienen sentido en términos de materiales (no podemos construir millones de placas solares, millones de coches eléctricos, porque no dan los materiales o reservas que hay hoy en día). Entonces, realmente dan solo para unos pocos (en este caso, la comunidad europea), y no hablamos de una justicia climática real. El resto del mundo sigue siendo víctima de la explotación de recursos, porque en Europa no tenemos recursos para construir todas estas tecnologías que necesitamos. Las opiniones que dan son solo para Europa, no miran cómo el resto del mundo podría ir hacia ese camino de sostenibilidad. Entonces, las soluciones que están dando son soluciones, que no nos ayudan en la lucha contra el cambio climático porque es un problema global, entonces necesitamos soluciones que vayan en términos locales.

Para nosotros es este afán de crecimiento ilimitado, crecimiento económico, crecimiento de los materiales... que cada vez queremos más, y todo eso hace que necesites mucha energía y que acabes con la quema de los combustibles fósiles -que son solo la bala del asesinato.

Supongo que viene un poco de los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de 1, 5ºC. Nos quedan 10 años para hacer cambios y, sino, llegaremos a un punto de no retorno donde la temperatura seguirá subiendo. Es esto de vernos sin futuro, pues al final es la lucha por eso, por el futuro. Yo, mi generación, vamos a ver las consecuencias del cambio climático, y las generaciones que vienen después no sé que consecuencias van a sufrir, pero irán 'in crescendo'. Es una lucha por nuestro futuro y por una vida digna.

Sí. Son 10 años los que nos quedan, y ahora con el tema de la pandemia vamos a ver la inversión y la recuperación económica con todos los fondos que se van a dar. Tenemos que ser muy conscientes dónde queremos que vayan. Esos fondos decidirán mucho el futuro, porque van a conducir, de alguna manera, la economía de lo próximos años. También debemos ser muy conscientes de hacia dónde va el dinero... y las acciones van muy dirigidas a la urgencia de cambiar, porque la recuperación económica no puede ir atada a ese afán de crecimento. Se necesita una recuperación económica, pero también que sea real para la gente de a pie, y no solo para unos cuantos.

De alguna manera sí, porque aunque hayan bajado las emisiones de CO2, lo importante es la concentración global, que sigue aumentando. Todo el tema del coronavirus ha hecho que no se hable de la emergencia climática, cuando realmente las causas son muy similares, porque la pandemia está causada, en gran parte, por temas de deforestación. Que las causas sean las mismas y que no se vea que se pueden complementar de alguna manera, es un problema, porque ha habido leyes ambientales que se están relajando.

Creo que con esta pandemia también vemos los efectos que tiene la inacción política. Creo que se está viendo que el hecho de no actuar a tiempo se salda con muchas vidas. Entonces, seamos conscientes de esto y que esta pandemia también nos ayude a prevenir otras emergencias. Estamos en un mundo que está lleno de emergencias. Es una crisis sistémica al final. No estamos hablando solo de una crisis ecológica o climática, estamos hablando también de una crisis social, y de una crisis que va más allá, y que necesitamos enfrentar. Y las políticas so una buena manera para enfrentarnos a ella. Necesitamos políticos que estén dispuestos a tomar decisiones ambiciosas y que realmente supongan un cambio.

La lucha se va a ir incrementando cada vez más, porque vamos notar cada vez más la urgencia. Y nosotros tenemos claro que a lo mejor ahora mismo no estamos notando los efectos de una forma muy visible (aunque sí que podemos verlo en fenómenos extremos como los temporales que destrozan media costa, e etc.), pero van a ir creciendo. Entonces, la necesidad de actuar es porque cuando los efectos se hagan mucho más visibles, quizás ya es tarde para actuar.

Sería un mundo donde la vida fuera por encima del capital. Nosotros practicamos bastante el tema del ecofeminismo; de poner la vida en el centro y tener claro que la vida de las personas va por delante de cualquier asunto económico. Y esto puede ir muy lejos. Se puede aplicar en términos de calidad del aire, de movilidad, en términos de trabajo, etc. Que seamos conscientes de que necesitamos ser cuidados y cuidar en muchos momentos de la vida. Que estos cuidados no sean solo entre humanos, sino hacia la naturaleza también, y que sea una relación de darnos cuenta que nosotros pertenecemos a la naturaleza, que no es algo ajeno.

Creo que una de las principales cosas podría ser el tema del consumo responsable. Que sea más consciente de que cada vez que consumimos algo, estamos contaminando de alguna manera; y que consumir de una forma u otra, un producto u otro, estás votando: Si estás consumiendo ropa de ciertas marcas fast fashion con un factor de insostenibilidad ambiental, pero también de falta de derechos laborales, pues estás contribuyendo a eso de alguna manera. El ser conscientes de que comprar una cosa u otra hace un efecto, igual que comprar en un gran supermercado no es lo mismo que comprar a pequeños productores. Pero también es muy importante el hecho de: "Piensa qué necesitas realmente. ¿Necesitas comprarte el último iPhone que ha salido? O ¿ya estás haciendo bien con lo que tienes?" No nos damos cuenta de la importancia que tiene realmente el consumo. Tendía que haber un cambio en esta cultura de la acumulación que tenemos.


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