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Crónicas de un corredor mediocre en la carrera Caracas Rock

07/10/2014 14:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Claudio Acosta era un hombre en la frontera de los cincuenta, desempleado, su única meta en el 2014 era correr en la carrera Caracas Rock en sesenta y cinco minutos

Rinnnnnnng, rinnnng, rinnnnng, Dios maldita alarma, ya se, ya se, es hora de levantarse, uff, ya son las cuatro de la madrugada del día lunes, la peor hora en el peor día de la semana, bueno, ya tengo los uniformes de los chicos esperando para plancharlos, pero primero lo primero, la ducha, este calor desértico de Guatire, ahhh que divina la agua fría después de levantarme de ese horno, en el dos mil quince con el primer sueldo mando a revisar ese aire.

 

Ya estoy acá, ahora a usar el efecto multiplicador, pongo en una hornilla el agua para el café, en la otra el agua para el arroz,    dos tazas colmadas de agua, unas gotas de aceite y una pizca de sal y dejo servido en una taza el arroz crudo para cuando el agua este en punto de ebullición, listo, en la otra pongo el sartén con el fuego muy lento y coloco los bistec, menos mal que ayer los dejé preparados solo de montar, ya hirvió el agua ahora cuelo el café y listo, una delicia en el paladar, bueno hora de planchar los uniformes de los chicos y el uniforme de trabajo de Dalila mientras su almuerzo  se va cocinando, como cambia la vida de uno, hace dos años ni siquiera tenía idea de esto, solo me levantaba e iba al trabajo buscaba a los chicos y  me iba a la casa a esperar a Dalila que regresaba de la universidad, en si una vida medio normal para un hombre de mi edad, lo adicional era que Dalila estaba en acciones que ya yo había pasado, era normal, le llevo dieciocho años, ella está en su momento y yo estoy en el declive normal en la vida social producto de la edad, este es un mundo de jóvenes.

 

Listo todo, son las cinco y media de la mañana voy en tiempo, ahora levanto a Dalila para que se prepare para el trabajo, mientras hago el desayuno, en quince minutos levanto a Eduardo y de último visto al pequeñín de la casa, con tres años y tiene que ir a la escuela, como cambian los tiempos.

 

Hay algo de tráfico, pero salí a buena hora, siempre que salga a las seis AM estoy cubierto, dejo a los chicos primero, mientras Dalila lleva por la parte alta del colegio a Eduardo yo bajo a Daniel por el lado este del colegio, aquí todos los chicos lloran, yo no puedo ver a la cara a Daniel, él espera a verme para soltar el llanto, y Daniel no llora, grita, pero ya lo conozco, cruzo completo el jardín de los llorones, sin verlo, aunque no me quite la vista del rostro, yo sigo con mi mirada en el horizonte, hasta donde aparece la maestra, ahí Daniel se pasa el interruptor y me da un beso y se va, subo y me encuentro con Dalila para dejarla en el trabajo, todo igual que los demás días desde hace dos años, hasta que me di cuenta que el país no estaba buscando personas como yo, me dije al inicio del dos mil catorce que iba a trabajar en la casa y a ponerme metas diferentes ese año, iba a tomar un sabático con el permiso de Dalila e iba a trabajar para mi, estaba físicamente descuidado, tenia un sobrepeso de ocho kilos, no tenía actividad física, así que me dije, este año me reencuentro con el deporte y la actividad física, ya tenía el objetivo, pero no tenía la menor idea de como iba a realizarlo, entre en Internet y busque información, hasta que encontré artículos sobre un deporte de calle muy popular que llamaban running, entonces vi. el mundo de las carreras de calles, estaban muy bien organizadas, era Febrero y la carrera más importante se iba a realizar en octubre, tenía menos de ocho meses para prepararme.

 

Encontré un plan de entrenamiento para aficionados, revisando vi. que en mi categoría de cuarenta y cinco a cuarenta y nueve años los mejores corredores hacían el recorrido de diez kilómetros en treinta y cinco minutos y la media era de una hora cinco minutos, ese tiempo fue el que coloqué como búsqueda en el resultado de mi objetivo.

 

Era miércoles, mi primer día de entrenamiento, me levanté a las cuatro y media de la madrugada, hice todo lo habitual, llevé a los niños y a Dalila, retorné a la casa y eran las ocho de la mañana, me fui preparado, con ropa deportiva y un envase con agua, hice el primer entrenamiento, era caminar y correr cada uno con intervalos de diez minutos, ese día quede muy cansado, pero el siguiente fue peor, todos los músculos, creo que hasta la boca, los dientes me dolían, hice todo lo que me tocaba y estaba nuevamente a las ocho de la mañana y repetí el entrenamiento así estuve el primer mes.

 

Llegó el segundo mes y comencé un entrenamiento diferente, esta vez era correr cinco kilómetros pero intercalado, corría un kilómetro caminaba quinientos metros y corría otro kilómetro; así hasta llegar a cinco kilómetros, así estuve otra semana.

 

Por fin llegó el momento, he bajado dos kilos y hoy si me toca correr con todo una distancia respetable, hoy corro los cinco kilómetros a todo vapor, este tiempo es importante porque en base a él proyecto el trabajo para cumplir mi objetivo, ya llegué de llevar a la familia, bueno déjame estirar, que nervios, ¿en realidad podré hacer esto?, para todos soy ya un vejestorio, ¿y si es así?, yo no lo siento así, pero y ¿si lo soy?, bueno llegó el momento, déjame colocar el cronómetro en cero, es ahora o nunca, ahí voy, menos mal que con el carro marque en el camino cada kilómetro para medirme, siento las piernas como si me pesaran un poco, como que quiere darme un jalón en el músculo, déjame no correr tan rápido, uff la cosa pega, voy como a la mitad del kilómetro, menos mal que la urbanización es amplia y semi cerrada al tráfico, así no me preocupo que me pise un carro, que sufrimiento es esto, ahí veo la primera marca, déjame ver el cronometro, maldita sea, no veo nada, los lentes, esta presbicia, mis ojos me abandonaron desde hace cinco años, nota mental comprar un reloj cronómetro con los números grandes, ya pase el primero, pero que difícil, voy a bajar un poco el paso, no llego si sigo así, continué a ese paso y al llegar al quinto kilómetro paré el cronometro, hice estiramientos y me fui a la casa con la ansiedad de saber el tiempo, llegué e inmediatamente busqué los lentes y vi el tiempo, cuarenta y cinco minutos.

La carrera se convirtió en un reto de vida, una representación de una batalla personal

 

El tiempo pasó, estaba en agosto, había rebajado siete kilos, el trabajo físico fue intenso, ya los cinco kilómetros los hacía en treinta y dos minutos, pero los otros cinco eran un calvario, los hacia en treinta y seis y terminaba el tiempo global en una hora ocho minutos, tres por encima de mi objetivo.

 

Llegó el día de la carrera, el primer objetivo estaba logrado, pesaba ocho kilos menos que cuando comencé, pero el tiempo era mi enemigo, lo más cerca que llegué fue hace dos semanas en la última prueba de velocidad, una hora siete minutos y dejé el alma.

 

Me levante a las cuatro de la mañana, me vestí, la franela alegórica a la carrera era muy colorida, me llevó unos diez minutos y varios pinchazos en el estómago ponerme el bendito número con el chips que al final es lo más importante ya que gracias a ese chips al llegar recibo un mensaje al celular con el tiempo realizado,   comí una galleta con mermelada y me tomé una bebida energética, llené mi envase de agua, no quería perder tiempo en pararme cada dos kilómetros por agua, me subí al auto y salí directo al lugar donde se iba realizar la carrera, el pitazo de salida era a las siete AM.

 

Estoy en la salida, delante de mi hay por lo menos veinte mil personas, era una marea enorme de gente, miraba al horizonte y solo veía una mancha amarilla en movimiento, el sonido de rock junto a la voz del animador de la carrera mantenía animada a la masa de gente, atrás de mi seguían llegando participantes, era una locura.

 

Cinco minutos para las siete, las manos me sudaban, era primerizo, los nervios me tenían dominado, comencé a saltar un poco, al ritmo del rock, veía a los lados y habían personas de todas las edades, jóvenes, adultos, antiguos como yo y más antiguos, eso me daba esperanza que no estaba solo en esa lucha contra la sociedad de enterrarnos antes de tiempo, anuncian que salieron los corredores con condiciones especiales, unos minutos después llegó el anuncio que me tuvo nervioso por un buen rato, el inicio de la carrera.

 

Era tanta la gente que desde al anuncio al lugar donde comenzaba formalmente la carrera caminé como en un grupo de zombies alegres al ritmo del rock por ocho minutos, al fin llegué al punto de salida y se abrió un poco la pista y comencé a correr, los primeros quinientos metros parecía una pelota de ping pong rebotando con corredores rápidos, con lentos, gordos que parecían tener la intención de usar su masa corporal para evitar el paso de los corredores, así estuve, entre rápido, lento, carrera recta o en zig zag y para colmo los primeros tres kilómetros eran en subida, una subida tendida, me concentré, corrí y le pedí al cuerpo que aguantara, el primer kilómetro llegó, sentía que las piernas me ardían, vi el nuevo reloj con los números mas grandes del mercado y marcaba cinco minutos con cincuenta y dos segundos, muy por debajo de los seis minutos y medio que necesitaba, pero sabía que debía correr fuerte al principio ya que los cinco últimos kilómetros mi cuerpo caía en rendimiento, en eso por la derecha me pasa una jovencita con un short con menos tela que un pañuelo, cálculo que iba a cuatro minutos por kilómetros, seguí pidiendo al cuerpo aguante, por un momento el ritmo bajo, pero presioné con el alma, el segundo kilómetro estaba a mi lado derecho, vi el cronometro, doce minutos con cuarenta, había bajado el ritmo, me pasó al lado un hombre pintado de verde, era un Hulk que corría, no como el de las películas este era más terrenal, era normal los disfraces en estas carreras, llegué al desvió, la pendiente había concluido, los doscientos metros antes del kilómetro tres eran en recta, ya la pendiente había quedado atrás, me mentalicé y no dejé que las piernas perdieran el ritmo, cuando pasas de subida a bajada de golpe lo primero que quieres es parar, nada, sentí un bajón, pero me concentré, respiré hondo y seguido por unos veinte segundos y mis piernas comenzaron a correr con un ritmo más rápido que la subida, pasé el kilómetro tres en diecinueve minutos, una pequeña cuesta de unos cincuenta metros de largo un poco estrecha se hace presente, bajé el paso, había mucha gente junta, luego se abre el espacio de carrera y me encuentro con la bajada tendida, era el mismo recorrido de vuelta, la pendiente en contrario, volví a respirar hondo, rápido, pedí al cuerpo subir el ritmo, era bajada, tenía que ser lógico, comencé a bajar, vi a mi alrededor, en eso cruzó al lado mío un corredor a un ritmo un poco mayor, intente seguirlo y el paso lo podía manejar, y se presentó a unos treinta metros el kilómetro cuatro, vi el cronómetro, veinticinco minutos, el corredor seguía delante de mi, iba a probar ese paso, lo perseguí todo el kilómetro, en ese trayecto pasaron, jóvenes con cuerpos de atletas, jovencitas con cuerpo de mises, hasta un hombre fornido llevando a un pequeño en un coche, cosa de locos, un drone con cámara de video paso por encima de nosotros, era parte del evento, se escuchaba un poco más adelante el ritmo del rock, estábamos por llegar al kilómetro cinco, iba a comprobar si el paso que llevaba era el que me iba a llevar a mi objetivo, un grito de aliento y miles de voces responden, en eso, ahí estaba la mitad de la carrera, el kilómetro cinco, pasé justo al lado, vi mi reloj, el tiempo treinta y un minutos con un segundo, ese era el ritmo que debía mantener hasta el final de la carrera, ahora venía la parte mental, transmitirle a mi cuerpo que debía seguir con ese ritmo, como si fuera una maquina de vapor y sus pistones estuvieran en automático, miré el envase y estaba por la mitad del contenido del liquido de la vida, me concentré y seguí a la marejada amarilla.

 

Mucha gente concentrada, el animador nos indica que solo faltan quinientos metros, a los lados de las calles había muchas personas alentándonos, nos gritaban que ya llegamos, que somos grandes, algunos gritaban "Viva el rock", bueno la mitad del evento era para la música de todos, corrí los últimos cien metros con todo lo que tenía, pase la meta, pise la banda de control y presione el botón del cronometro, luego me uní a los otros corredores que llegaron todos hicieron filas, eran unas seis filas, la primera alcabala era para recibir la medalla, bien original, una guitarrita de rock, más adelante el agua y la bebida energética, seguía como zombie y llegué al cambur o plátano y al ponqué, para culminar unos cincuenta metros después de la llegada con el yogurt, caminé con todo mi mercado de ganador hasta unos metros más adelante donde vi que estaban algunos corredores sentados, busque un espacio y me senté en el piso, con todas mis bebidas y alimentos, lo primero que hice fue tomar la bebida energética y comer el cambur, luego estire un poco, busque en mi pequeño bolso el celular, y en ese momento recordé, "no tengo lentes", me reí y tomé el agua y me comí el yogurt, luego vi mi reloj, con nervio lo acerque a mis ojos, hay estaba el tiempo, una hora, dos minutos, cuatro segundos, los objetivos estaban cumplidos, tome el ponqué y lo comí, con una satisfacción enorme, todavía podía con los retos, era momento de volver a luchar, la sociedad no podía conmigo, era momento de volver al ruedo, era un ganador.

 

Quizás Claudio exageraba, fue el numero seis mil ciento cuarenta en llegar de veinte mil corredores activos, cuatro mil novecientos  de los diez mil hombres que corrieron, cuatrocientos noventa y dos de los novecientos noventa de su categoría, era un corredor promedio y entre los atletas un corredor mediocre, pero para él fue una victoria contra la sociedad, quien soy yo para negárselo.


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Autor:
R.j. Sulbarán (104 noticias)
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