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¿Crisis Humanitaria o Medidas de control Castro Comunista?

02/08/2016 02:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Crisis Humanitaria en Venezuela

 

no puede comprar   

Venezuela no hay alimentos de la cesta básica en los anaqueles de los supermercados, y los alimentos que se encuentran no están al alcance de los trabajadores que ganan un salario básico o mínimo,  se dice que hay un bloqueo de EE.UU, pero en realidad es que el sueldo no es proporcional a la realidad inflacionaria, que requiere ser aumentado equivalente a la inflación, pero sorprendió al país la Canciller cuando dijo que no existía tal crisis. Es por ello que quiero compartir la opinión de una jovén  estudiante de Comercio Exterior al respecto.

 caracasmakro

                               Crisis humanitaria venezolana.

“Particularmente podría decir que es una crisis humanitaria es mucho más que una crisis económica, o una crisis de dificultades sociales, o una crisis político-institucional que afecte la convivencia nacional. Es una mega crisis porque implica dimensiones de todas las crisis anteriores, las puede amalgamar y además potenciar hacia límites de verdadera devastación para una nación, tanto en el presente como en relación con su potencial de desarrollo. Generalmente, una crisis humanitaria acontece por obra de una guerra externa o de una guerra civil, o de una crisis ambiental o de un cataclismo natural. Pero en el caso de Venezuela, la crisis humanitaria ocurre como consecuencia del proceder de una hegemonía, cada vez más depredadora y, por tanto, destructiva. El tema de la alimentación también es alarmante. Es notoria la escasez de numerosos productos de la cesta básica, y en algunas regiones del país la situación es tan complicada que se viaja a las grandes ciudades, y sobre todo a Caracas, para tratar de adquirir los alimentos que son imposibles de conseguir de otro modo. Y los operativos espasmódicos que llevan alimentos a los barrios con el objetivo de compensar la falta de los mismos en los establecimientos regulares son una manifestación de la profundidad y extensión de la crisis venezolana. Y en cuanto a la inseguridad generalizada, los 25.000 homicidios al año nos colocan como una de las sociedades más violentas del planeta. Un país relativamente pacífico ha sido transmutado en un volcán de violencia criminal. Si, además de todo estos elementos que configuran el drama de la salud, la alimentación y la inseguridad –elementos básicos de una crisis humanitaria–, se le suman todos los otros que tienen que ver con la debacle fiscal, administrativa o productiva de los servicios públicos, o con el aplastamiento de la democracia por parte de una hegemonía despótica, entonces no es exagerado afirmar que Venezuela está entrando en una crisis humanitaria que va en camino de una catástrofe humanitaria.

Una crisis humanitaria es una crisis de tal intensidad o gravedad que las necesidades básicas de salud, alimentación o seguridad no solo no pueden ser satisfechas, sino que tienden a agudizarse peligrosamente por la incapacidad general del Estado y otras instituciones en atender los requerimientos esenciales o mínimos de la población, en cuanto a provisión de medicamentos, atención médica, alimentos de la cesta familiar, y orden elemental para el resguardo de la vida. En este sentido, Venezuela está entrando en una crisis humanitaria. Y de continuar como vamos, la situación puede degenerar en una catástrofe humanitaria.” Gudiño M.

 

Reflexión Historica.

Gonzalez A. (2016)  La actualidad Venezuela se enmarca en la etapa política de contraofensiva continental. Es parte del Golpe en marcha en Brasil contra el Gobierno del Partido de los Trabajadores, de la revancha encabezada por Macri en Argentina. El imperialismo busca recuperar terreno, las clases dominantes latinoamericanas necesitan reconfigurar los gobiernos en una etapa de crisis del capitalismo. En ese contexto la revolución cobra un sentido particular: es el punto del continente a partir del cual se propagó la integración del siglo XXI -Alba, Unasur, Celac, PetroCaribe-, se impulsó una alternativa regional que consiguió lo que no se había logrado en décadas, siglos, incluso nunca.

Y es más que eso: el proceso bolivariano fue, y sigue siendo, el que puso sobre la mesa el debate sobre el poder y la construcción de un proyecto no capitalista. Tanto en lo teórico -quedan materiales imprescindibles de Hugo Chávez- como en la práctica popular. Desde el inicio se le quitó poder a las clases dominantes -burguesía, oligarquía e imperialismo- para redistribuírselo al pueblo organizándose. No se trató de gestionar el Estado de forma progresiva para ampliar el consumo, sino de socializar la democracia, el poder y terminar con la estatalidad burguesa. Para eso varias herramientas y ensayos fueron construidos desde 1999: desde la democracia participativa y protagónica, hasta las comunas y el, por construirse, Estado comunal. En Venezuela se expropiaron tierras, fábricas, se nacionalizó el petróleo, se desplazó a los partidos políticos que habían gobernado durante treinta años. Por eso la respuesta fue tan rápidamente violenta: el Golpe de Estado del 2002, sabotaje petrolero del 2003 y referéndum contra Chávez del 2004 fueron la muestra nítida de eso.

Eso explica la dimensión de la revancha que se prepara contra el chavismo, es decir los sectores populares. Lo dijo Nicolás Maduro luego de la derrota legislativa en diciembre: lo que está en juego no es un cambio de Gobierno, sino un intento de contrarrevolución. Sabemos en el continente lo que eso significa. Las clases dominantes perdieron poder simbólico, político, económico. Buscan recuperarlo y ejercer un castigo de masas.

(...) Se le suman todos (...) el aplastamiento de la democracia por parte de una hegemonía despótica

La violencia contrarrevolucionaria es proporcional a lo profundo de la experiencia revolucionaria. Solo aplicando tres años de guerra no convencional cada vez más aguda, se logró erosionar una parte de lo acumulado durante los 16 años de proceso. La capacidad de resistencia demostrada frente a desabastecimientos, colas de 12 horas para conseguir dos o tres productos, un mercado en negro como cáncer, asesinatos selectivos a dirigentes, ataques psicológicos a gran escala, ridiculización mediática del presidente, indican la profundidad de la revolución. El chavismo es mucho más que un gobierno, es una experiencia de participación y empoderamiento radical. Para comprenderlo hay que ir barrio adentro, campo adentro, conocer las experiencias comunales, de construcción de viviendas, observar la redención de los humildes cuando marcha el chavismo.

Debates urgentes 

Existe un enemigo claro. Que desata la guerra, no se muestra -esa es su estrategia- y al que se llega por documentos, análisis, discursos, acumulación de pruebas, comparaciones históricas. Pero hay otro, vestido de rojo, de cargos gubernamentales, de responsabilidades y poder. Es evidente por su impacto en la vida cotidiana, la ineficiencia estatal que corroe el proceso, el contrabando a Colombia, que tiene nombre cuando es arrestado por corrupción. El último caso fue la denominada Operación Gorgojo, donde resultaron detenidos los responsables de la red de distribución de alimentos estatal Abastos Bicentenarios. Luego de varios años de guerra económica se descubrió entonces que una de las herramientas principales para hacerle frente estaba en realidad bajo control de sectores corruptos. Lo mismo pasó con la Ley de Precios Justos, donde por dos años el marcaje de precios finales le fue cedido por debajo de la mesa al sector privado.

El impacto de la corrupción en las bases del chavismo es profundo. Enojo, desánimo, desconfianza con sectores del Gobierno, de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Elementos que, en el contexto global, se acumularon y fueron parte de las causas los resultados electorales del 6 de diciembre: no fue tanto una victoria de la oposición -así lo dicen los números- como un voto castigo del chavismo a su conducción. Las consignas al día siguiente eran contundentes: depuración, limpieza. Principalmente de la mediación política central, el Partido Socialista Unido de Venezuela, así como de dinámicas superestructurales de rotación de cargos, repetición de los mismos dirigentes en puestos estratégicos, sordera gubernamental, convocatoria a espacios de debate popular sin consecuencias en las tomas de decisiones. Un debate de fondo: dónde debería estar el poder en la revolución, donde (no) reside y por qué.

Asuntos de muchos años que, en la actual etapa, se tornaron urgentes. Siempre existieron sectores reticentes a impulsar el proceso de empoderamiento radical popular, que se vieron a sí mismos, en ministerios, puestos de dirección, oficinas con aire acondicionado en torres de muchos pisos, como portadores exclusivos del proceso. Su justificación preferida: “El pueblo no está listo”. Para quienes acordar con el sector privado, razonar en términos de porcentajes y negocios, fue más importantes que construir los cimientos de una nueva institucionalidad gobernada por los sectores populares organizados en su territorio. Que se opusieron directamente a que eso suceda, y hoy controlan grandes cuotas del Gobierno, en gobernaciones, alcaldías y ministerios, por ejemplo. Dirigentes contra los cuales Hugo Chávez descargó su último discurso, sentenciado con la consigna de “comuna o nada”.  La revolución es la disputa por su sentido y accionar.

Se trata de deudas impostergables. Así como la construcción de una nueva matriz de desarrollo económico. Una consigna que puede resultar sencilla de enunciar, pero que en un país moldeado durante un siglo alrededor de la dependencia de la renta petrolera, es particularmente compleja de construir. Sobre todo, cuando el precio de venta del barril se encuentra por debajo de 40 dólares desde hace ya casi dos años. El Estado dispone de cada vez menos dinero. Por eso fue anunciada la pronta explotación del megaproyecto minero denominado Arco del Orinoco, una futura fuente de ingreso de dólares, que irá, según parece, contra el mismo Plan de la Patria -el plan de gobierno escrito por Hugo Chávez para el 2013-2019- que indica: “Tenemos la tarea histórica de contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana, y ello supone detener la devastadora fuerza de destrucción del modelo capitalista”. La situación apremia en la economía venezolana, y se ha priorizado acuerdos con los sectores privados, y la búsqueda de fuentes de ingreso controversiales como ésta última. Existen acompañamientos estatales a empresas de propiedad social, fábricas recuperadas, tierras agrícolas comunales, pero pequeños en relación a lo que requiere el proyecto y la etapa.

Resulta difícil elaborar pronósticos acerca de cómo se darán los próximos sucesos. Es seguro que la guerra llamada económica  se agudizará, y aunque algunos sectores del chavismo en el gobierno busquen acuerdos, no pareciera existir la posibilidad de frenar la decisión impostergable de la contrarrevolución. Conciliar no parece una posibilidad. El país parece una olla a presión, donde todo el mundo se levanta preguntándose si hoy será el día en que pase. ¿Qué? Algo, un estallido social,  una violencia incendiaria de colectivos, una intervención internacional, una descarga popular sobre quienes arman las redes del mercado paralelo llamados bachaqueros, que crean una batalla de humildes contra humildes. En ese contexto muchos escenarios son posibles poco imaginables. Por ejemplo, que se realice el referéndum revocatorio, el actual mandatario pierda, y sea elegido en su lugar un nuevo presidente "chavista" en vez de un opositor. O que tenga lugar un ciclo agudo de violencia cotidiana que tanto pregona el Estado, que desemboque en otro esenario no puedo imaginar. Algo, no va a aguantar mucho más,  sea la vida de los que no se alimentan o la sociedad misma en lo antes expresado. 

 Gonzalez A. (2016) Estudiante Venezolano. 


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Autor:
Rafael Suárez Ñañez (38 noticias)
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