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Chivatearon a Jesús y, quién fue ese jugador de Póker que martillo la mesa de juego

11/04/2018 20:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Creer en Juan Manuel Santos, Uribe Vélez o Maduro es hundirse en el propio lodo de la incertidumbre

El Reportero del Pueblo

 

Nadie detendrá el proceso de paz y, menos lo planificado por el gobierno de La Habana hacia Venezuela, desde los años setenta y ochenta. Los jefes guerrilleros de Colombia han sido monitoreados desde el año 1975, de una manera intensiva y, es el propio gobierno colombiano que desea coordinar la salida de toneladas de drogas desde las montañas del país vecino.

Creer en Juan Manuel Santos, Uribe Vélez o Maduro es hundirse en el propio lodo de la incertidumbre, porque, todos reflejan el mismo sentir político e ideológico, a su vez, están controlados por la banca internacional.

El gobierno colombiano y estadounidense es un solo sentir y el de Raúl Castro con Nicolás Maduro, reflejan un solo movimiento de opinión. Entonces, esa vertiente ideológica llamada socialdemocracia ha ligado las tendencias radicales de derecha e izquierda para entrecruzar una sola voz de mando para cruzar información y cumplir con los mandatos de la oligarquía latinoamericana e europea.

La FARC y el ELN, son focas del mismo pozuelo y en estos últimos cuatro años de negociaciones han cometido errores que conllevan a su aislamiento porque nunca se percataron de que no podían arriesgarse a los negocios subversivos que se viene haciendo desde hace quince años aproximadamente.

En consecuencia, muchos guerrilleros morirán, como civiles que se han arriesgado en los últimos movimientos populares del quehacer político sureño. Pero, siguen con la cesación de servicios y las pocas que transitan tienen sobrepeso para llegar arrimar el maíz a lugares amplios y parroquias.

 Lo ocurrido con este caso tiene pensando a más de un analista respecto a las implicaciones que tendrá en las negociaciones que están adelantando el Gobierno y la guerrilla del ElN en Quito

 ‘Santrich’ era seguido desde hace varios meses en el marco de la investigación antidroga liderada por la DEA y, según trascendió ayer, en varias ocasiones los agentes temieron que los viajes del excabecilla desmovilizado (y electo parlamentario) a Cuba, en donde seguía un tratamiento médico, terminaran por frustrar la posibilidad de su captura. Sin embargo, no se precipitó el operativo en su contra ya que los agentes encubiertos de la DEA esperaron hasta tener el suficiente soporte probatorio en su contra, incluyendo el rastreo de la entrega de una pequeña muestra de la droga y un primer pago por más de tres millones de dólares.

La captura de alias “Jesús Santrich”, con fines de extradición, constituye sin duda una de las más difíciles pruebas a las que ha sido sometido el proceso de paz, no solamente por  tratarse de uno de los principales negociadores de los acuerdos sino en razón de las características de su caso, que permitirá dejar en claro finalmente, después de mucha confusión -creada por ambivalencias del Acuerdo y por  las no menos ambivalentes  normas aprobadas al respecto en el Congreso-, cuál es el límite de los beneficios penales concedidos a los desmovilizados; qué corresponde  a la JEP y qué a la jurisdicción ordinaria.

Todo depende, por supuesto, de la contundencia y certeza de las pruebas recaudadas acerca de la posible comisión de delitos, como el de narcotráfico,  por parte del ex guerrillero, así como sobre el momento -anterior o posterior al 1 de diciembre de 2016- en que hayan tenido ocurrencia los hechos punibles. 

 

El fiscal Néstor Humberto Martínez ha dicho este lunes 9 de abril que Santrich fue capturado por la Policía y el CTI, en desarrollo de circular roja de Interpol, atendiendo una solicitud del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Según lo informado, la orden de captura internacional proviene, a su vez,  del Gran Jurado de la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, con fundamento –dice el Fiscal-  en la gran cantidad de pruebas electrónicas, documentales y videos, que demuestran la participación de varios sujetos, entre ellos Santrich,  en actividades de narcotráfico –exportación de al menos diez toneladas de cocaína a los Estados Unidos- en julio de 2017. Vale decir, ya no durante el conflicto armado sino varios meses después de suscrito el Acuerdo de Paz (24 de noviembre de 2016) y de la entrada en vigencia de los compromisos bilaterales sobre terminación del mismo (1 de diciembre de 2016).

Siempre advertimos: ya que, infortunadamente, se aprobó la calificación del narcotráfico como delito conexo al delito político -lo que no ha debido ocurrir-, cuando menos dispóngase lo necesario para que no haya impunidad por hechos posteriores al Acuerdo Final.

Lo único cierto, es que Trump busca imponer su criterio globalizado y que la gente trabajadora gane su dinero extra

Y dijimos también varias veces que las normas que se dictaran sobre los límites entre la jurisdicción especial JEP y la ordinaria deberían ser disposiciones de claridad meridiana; que no generaran duda alguna; que se entendiera, sin ninguna reserva ni motivo alguno de discusión, que los reincidentes deben ser sometidos a la jurisdicción ordinaria y, en su caso, a la extradición.

Ahora, entonces, no digan que la captura de Santrich debe generar una crisis en el proceso de paz, ni que es un golpe contra el mismo. Todo, estaba planificado y es un golpe entre sí, es la misma bandada de delincuentes.

Es una guerra por el control de la droga entre países hermanos que involucra todo tipo de ciudadanos. Pero, ahora se busca consenso entre treinta y cinco Repúblicas para preservar las buenas relaciones y guardar silencio. La incógnita se relaciona sobre si la región logrará cohesionar un frente común y acordar  un proceso positivo en la relación bilateral  y multilateral.

En Miami se efectuó el primer encuentro, bajo el auspicio del presidente Clinton en 1994, interesado en la creación de un solo mercado desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, en la vinculación de mil millones de consumidores, en la mejor explotación de inmensos recursos, pero el área de libre comercio de las américas (ALCA),  sigue siendo un sueño distante de los conceptos expresados por el actual mandatario de la potencia del norte.

Pero, la sombra del narcotráfico siempre esta presente y el incremento de los cultivos de coca. Seguramente, en esta Cumbre se hablará del desarrollo del proceso de paz, pero, sin Trump, porque los norteamericanos no asistirán porque su voz es latente porque constituye la principal fuente de poder del mundo. Todos actuaran con cautela para asimilar los discursos, hay millones de dólares en juego.

Unos salen a decir que el acuerdo Santos-Timochenko, aquel que derrotó el pueblo colombiano en el plebiscito, hay que implementarlo tal como se firmó. Poco les importa el veredicto del pueblo soberano,  y siguen con el cuento de que este país está dividido entre amigos y enemigos de la paz.

Quieren regresar a la estrategia polarizante y mentirosa de la campaña reeleccionista de Santos.  Con la misma soberbia de esos días, se presentan hoy, arrogantes ante los medios, a decir que el asunto es guerra o paz. Con un detenido, ordenado por Trump.

¡Falacia, gran falacia!

De otro lado, los críticos de la idea de discutir y concertar la creación de una corte única, se sitúan en la orilla de los que creen que no hay que hacerle reformas de fondo a la justicia. Un país que reclama a gritos la transformación del poder judicial, entiende y apoya el propósito de acabar con el choque de trenes permanente, dejar atrás las decisiones contradictorias de los distintos órganos de cierre, que crean incertidumbre jurídica frente al alcance de las leyes y los derechos, y anhela que haya pronta y cumplida justicia.

¡Allá los que quieran que todo siga igual en la rama!

Hay otros aspirantes que desean continuar en el continuismo y confort.

¿Cuál es la bulla?

En esta materia no puede haber engaños ni equivocaciones.

La improvisación de Santos al no estar preparado para el posconflicto puede ser trágica para el país. Puede fácilmente hundirnos en un conflicto mayor al sufrido en las últimas décadas. Será mucho lo que el nuevo gobierno tenga que arreglar para enderezar este entuerto.  

 

Según el escrito, es acusado del cargo de conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y de dos cargos de intentar importar y exportar cocaína hacia ese territorio.

La FARC y el ELN, son focas del mismo pozuelo y en estos últimos cuatro años de negociaciones han cometido errores


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Emiro Vera Suárez (1579 noticias)
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