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Los Beatles al laboratorio: gira mágica, misteriosa y científica

16/04/2015 15:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El diálogo imaginario entre el filósofo Bertrand Russell y Paul McCartney es una de las joyas del trabajo

  Por Alejandro Duchini

El científico Ernesto Blanco  era un adolescente entusiasmado con las matemáticas y la física cuando un amigo le dio un casete con 20 grandes éxitos de los Beatles. Desde entonces se hizo fanático de la banda, y ahora pudo juntar ambas pasiones al escribir Los Beatles y la ciencia (Siglo XXI). Se trata de un agradable viaje por las coincidencias entre lo científico y lo musical, tomando como eje a ese grupo. En esta charla con Ciudad X, describe el trasfondo de ese trabajo tan original como disfrutable. Los Beatles y la ciencia, de Ernesto Blanco, no es un libro más sobre la banda de mayor influencia en la historia del rock. Esto se debe a que toma al grupo desde un punto de vista fuera de lo común, como es el de su influencia en actividades científicas. 

Con un interesante y original prólogo de Diego Golombek, director de la ya clásica serie Ciencia que ladra de la editorial Siglo XXI, la lectura de Los Beatles y la ciencia es muy llevadera. Sobre todo porque estimula al pensamiento. Se juega, a través de sus páginas, a pensar. Y el autor, además, propone por momentos dejar el texto para escuchar determinadas canciones en las que se perciben arreglos y/o cambios que tal vez hayan pasado inadvertidos en la escucha habitual. El diálogo imaginario entre el filósofo Bertrand Russell y Paul McCartney es una de las joyas del trabajo, ya que permite entrever por qué la banda tuvo cambios que fueron más allá de lo estrictamente musical.En cuanto al papel del lector, puede decirse que libros como éstos son los que dejan en claro que a las ciencias se puede entrar, o acercarse, a través de sencillas puertas. A veces con una música genial. Este es el caso. Para mí la ciencia es una forma de intentar entender el mundo. Creo que hay otras formas muy interesantes de pararse frente al mundo, pero la ciencia tiene una cuestión muy interesante, que es la autocrítica permanente. No es un montón de conocimientos, aunque intenta serlo; es sobre todo un camino y un método para acercarse cada vez más a los fenómenos del mundo. Se complementan magníficamente. De hecho, en el nacimiento de la física, que es una disciplina que intenta modelar matemáticamente el mundo natural, está el estudio de la música realizado por Pitágoras. Ese pensador griego encontró regularidades matemáticas detrás del efecto estético de los sonidos de un instrumento de cuerda, casualmente los preferidos de los Beatles, si exceptuamos a Ringo. Por supuesto que a pesar de que nacieron juntas siguieron caminos distintos y hoy en día, a veces los científicos y los artistas se miran un poco de reojo. Pero creo que cada vez más ambos entienden que tanto la ciencia como el arte son manifestaciones culturales muy importantes y que ayudan a dar sentido a nuestras vidas.

Los vengo escuchando desde que tenía 14 años sin saber que era para hacer este libro. Conozco toda la discografía oficial y con distintos grados de profundidad los escuché durante años, al punto que tengo en mi memoria muchas de las letras y melodías. Específicamente, en la etapa de escritura del libro, volví a escuchar con detenimiento algunas cosas que quería compartir en detalle con los lectores. Por ejemplo, escuchar en CD, en Sargent Peppers, el final de A day in the life para ver si podía notar el infrasonido que John Lennon dejó allí como mensaje para los perros. También quise escuchar atentamente el momento en que se pegan las dos mitades de Strawberry Fields Forever, de las que hablo en un capítulo del libro. Además miré de nuevo la película Submarino amarillo para escribir el capítulo que la relaciona con ideas extravagantes de la física moderna. Es decir, yo era un conocedor profundo de la música de los Beatles mucho antes de pensar en el libro, para el que tuve que revisar algunas cosas y escuchar con atención otras, pero todo estaba allí al alcance de mi mano. No lo he pensado, pero una muestra de eso pueden ser las cosas que Paul McCartney hace actualmente. Su disco New podría darnos una idea de qué podrían estar haciendo los Beatles si siguieran en la actualidad. Por otro lado, también podemos ver el interés de Paul en nuevas tecnologías, como la holografía y la animación por computadora, que tal vez en algún momento podría generar un concierto en vivo de unos Beatles virtuales que sigan con nosotros por toda la eternidad.

Quise escuchar atentamente el momento en que se pegan las dos mitades de Strawberry Fields Forever

 

El libro. Los Beatles produjeron una de las mayores revoluciones culturales del siglo XX. Nadie puede quedar indiferente a su música, sus letras, sus opiniones y sus locuras, y han sido estudiados desde todo punto de vista: melódico, rítmico, ingenieril, sociológico y hasta psicoanalítico. Pero faltaba algo: la ciencia. Y aquí viene el físico y divulgador Ernesto Blanco a reparar ese “agujero por donde entra la lluvia” contándonos cuánto de ciencia hay en la poesía, los instrumentos, las anécdotas y hasta en los cerebros de los cuatro de Liverpool. El acorde inicial de A Hard Day’s Night analizado matemáticamente, el torrencial éxito de algunas sencillas composiciones observado bajo la lupa de la neurociencia, las letras de Paul y John discriminadas por indicadores lingüísticos, el aporte de Lucy in the Sky with Diamonds para la antropología explicado en términos simples e ingeniosos, el detalle de las revolucionarias técnicas de grabación surgidas del capricho creativo de John, Paul, George y Ringo, más viajes interplanetarios, física cuántica y bioacústica aplicada a los animales. No he explorado demasiado al respecto. En la introducción del libro, Diego Golombek hace referencia a algunos estudios que mostrarían que las drogas no ayudan a la creatividad. Pero como ocurre siempre en ciencia, para entender bien el alcance de ese estudio hay que ver los detalles. No se puede descartar que para ciertos individuos, en ciertas circunstancias, las cosas puedan darse de otra manera. La complejidad que comento en el libro fue definida en función de la estructura musical y generando un programa de computadora que diera el mismo tipo de clasificación que un grupo de expertos en música le daba a las canciones. Lo que se observó en ese estudio es que las canciones de los Beatles se fueron volviendo cada vez más complejas, seguramente como resultado de una búsqueda creativa y como resultado de la mayor experiencia y de la inclusión de nuevos instrumentos y nuevas influencias. Pensemos, por ejemplo, en la música hindú. 

Además de las que se analizan en detalle en el libro, creo que hay dos que muestran una cierta mirada hacia la ciencia. Una es Nowhere Man, que en la película Submarino amarillo está representada por un científico. Es precisamente el tipo de científico que una colección como Ciencia que ladra quiere sacar del laboratorio para que interactúe con la sociedad. Pero si tenemos en cuenta que, al componerla, parece que Lennon estaba pensando en sus propios dilemas al comunicarse con el mundo, debe ser bienvenida como un elemento para reflexionar sobre el rol de los académicos y los intelectuales en la sociedad. Otra puede ser Maxwell’s Sylver Hammer, que en un momento habla de una tal Joan que estudia sola y hasta tarde, con sus tubos de ensayo, una ciencia incomprensible. Nuevamente tenemos otra imagen estereotipada del científico que es bienvenida. Los Beatles mirando de reojo nuestro mundo de la ciencia son siempre bienvenidos, pero eso también nos debe impulsar a interactuar de otro modo con la sociedad, sin perder por supuesto nuestras características particulares. Creo que una influencia importante puede ser la obra del matemático Lewis Carroll en Lennon. Y también los avances científicos que permitieron el registro de su música y que fueron importantes para generar algunas de sus obras. Por otro lado, se dice que una de las cosas más importantes que Los Beatles aportaron a la ciencia fue la financiación por la que se desarrollaron los tomógrafos. Hay un capítulo en el libro sobre esta historia. Creo que la propia música y algunos de los cambios sociales y filosóficos que acompañaron también fueron un aporte a la ciencia en un sentido amplio.

Perfil: Ernesto Blanco nació el 29 de mayo de 1971 en Montevideo, Uruguay. Ya fanático de las matemáticas, la física y Los Beatles, realizó una maestría en física de partículas y luego un doctorado en temas de biomecánica en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar), en su país, donde actualmente trabaja como docente e investigador. Escribió en diferentes medios sobre ciencias y fue conductor y coguionista de un programa emitido en la Televisión Nacional de Uruguay, llamado Superhéroes de la física. Concretó el proyecto para estudiantes secundarios “Beatlemanía científica”, con el que, a través de canciones de los Beatles, se analizaron conceptos físicos y biológicos.

El final de A day in the life para ver si podía notar el infrasonido que John Lennon dejó allí como mensaje


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