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50 años de un duelo irrepetible

07/12/2012 22:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Humberto Acosta

Poder ir solo al estadio a los doce años fue, por encima de todo, un ejercicio de libertad. Un acto de independencia. Como a esa misma edad, poder ir solo al cine o tener novia "oficial". O como más adelante, encender un cigarrillo y llevármelo a la boca. Entonces los juegos comenzaban a las 11:00 am, así que aquella mañana dominical del 2 de diciembre de 1962, me levanté bien temprano y partí hacia el Universitario a bordo de un carrito por puesto de la línea Cementerio-Carmelitas.

Mis afectos ya se inclinaban hacia la causa del Caracas, pero lo que realmente me entusiasmaba era conocer el juego. Era una fiebre por saberlo todo. Su historia. Su estrategia. Sus reglas. Sus héroes. Empaparme de todo aquello que lo rodeara, más allá de lo que pasara con los Leones. Por eso poco me importó que el partido fuese entre la nueva divisa de la liga, los Tiburones de La Guaira, y los Industriales del Valencia. Ha pasado medio siglo de aquella "deslealtad" y aún damos gracias a Dios por darnos fuerza para ir al parque de la UCV. En recompensa fuimos testigos de un desafío, que por sus características no se ha vuelto a repetir. Ya verán de qué se trata.

Por La Guaira inició el zurdo cubano Marcelino López con el respaldo de Dámaso Blanco en la tercera base, Aquiles Gómez en el jardín izquierdo, Elio Chacón en el jardín central, el panameño Dave Roberts en la primera base, Merrit Ranew en la receptoría, J.C. Hartman en el campocorto, Graciano Ravelo en el bosque derecho y Jesús Mora en la segunda base. Por el Valencia, comenzó el zuliano Marcelino Sánchez, secundado por Teolindo Acosta en el bosque izquierdo, Teodoro Obregón en el campocorto, el cubano Ángel Scull en el jardín central, Bill Bryan como catcher, Gustavo Gil en la intermedia, Ken Harrelson en la inicial, Luis Rodríguez en el bosque derecho y Antonio Obregón en la segunda base.

López tenía solo 19 años de edad y crecía en las sucursales de los Filis de Filadelfia, pero después de retirar a los cinco primeros bateadores de los Industriales, le dio boleto a Harrelson con dos outs en la parte alta del segundo inning. Rodríguez siguió con un sencillo y López terminó de perder la brújula. También le dio pasaporte a Antonio Obregón para llenar las bases, y una transferencia más a Sánchez para que Valencia tomara ventaja de 1 a 0.

Sánchez, para entonces un veterano de 23 años de edad y cinco temporadas en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, cortejó a la perfección durante los tres primeros capítulos, pero Blanco como primer bateador del cuarto inning, le conectó un sencillo. El manager José Antonio Casanova ordenó a Gómez tocar la pelota para sacrificarse y Blanco avanzó hasta la intermedia. Del otro lado, Bob Hoffman decretó base por bolas intencional para Chacón. Las estrategias son una muestra inequívoca de aquel beisbol. En los albores del siglo XXI, quizás a muchos llamaría la atención un toque de sacrificio y un pasaporte intencional a la altura de la cuarta entrada. Solo que la táctica del juego está por encima de las barreras del tiempo. ¿Sería que la intuición le sugirió a Casanova y a Hoffman que al menos en el futuro inmediato costaría fabricar una simple anotación?

Luego del pasaporte intencional a Chacón, un pasbol de Bryan llevó a Blanco hasta la antesala y a Chacón hasta la intermedia. Roberts prosiguió con un elevado al guante de Rodríguez en el jardín derecho, lo suficientemente lejos para que Blanco pisara el plato sin problemas. Valencia 1 La Guaira 1.

Lo que siguió a continuación fue un homenaje a la heroicidad desde la colina del lanzador. Una posibilidad inexistente en los tiempos que vivimos. López pertenecía a la generación de lanzadores antillanos que estaba a punto de reemplazar los brazos de Camilo Pascual, Pedro Ramos y Orlando Peña. Sin embargo, los cuidados no estaban por encima de cualquier expresión con aires de gesta, que se vislumbrara en el horizonte como en aquella mañana. Sánchez no simbolizaba ya un futuro tan prometedor como el de su rival, pero también pertenecía a esa casta cuyo fin no era otro que ganar a costa de lo que fuera. Un gesto de romanticismo que echamos de menos los que crecimos en medio de su apogeo, no contaminado aún por los excesos en la paga que se percibía, y excusa para las restricciones que han hecho del beisbol un pasatiempo cada vez más exento de manifestaciones épicas.

Después del elevado de sacrificio de Roberts en la cuarta entrada, López y Sánchez pusieron todo su empeño para evitar más carreras. López era un clásico pitcher de poder aunque con frecuencia apelaba a su curva para sacar de paso a los bateadores contrarios. Sánchez vivía más de los envíos quebrados en la parte baja de la zona de strike que inducían a dar rodados. El esfuerzo se prolongó hasta la parte baja del decimoquinto cuando aún persistía el 1 a 1. Enseguida Mora se presentó al plato como primer bateador de los Tiburones en el inning. Conecta un batazo entre la tercera y el campocorto que toma Teodoro Obregón, pero el corredor llega a la primera base antes que el tiro y La Guaira colocó en circulación la posibilidad de la victoria.

La decisión perturbó a Sánchez, aunque lo que siguió a continuación pudiera achacarse al cansancio. En otra señal de la visión que se tenía de las cosas, Casanova deja batear a su pitcher y noveno bate. López recibe la orden de tocar, pero Sánchez le da un pelotazo. Con hombres en segunda y primera, Blanco despacha un sencillo al jardín central y Mora pisa el home con la rayita del triunfo 2 a 1.

El regreso a casa lo hicimos al estilo tradicional, de tarde o de noche: a pie por toda la avenida Roosevelt, hasta la intersección con la calle Real del Prado de María. Resulta inútil tratar de recordar con quién o quiénes hicimos el largo recorrido. O quizás retornamos sumergidos en un mutismo voluntario, bajo el impacto de lo que acabábamos de presenciar. Pero mentiríamos si dijéramos que aquel niño de doce años tenía conciencia de la magnitud de la hazaña. Por eso nunca pudimos imaginar que dos lanzadores abridores jamás se volverían a fajar por espacio de quince innings, como los dos Marcelino.

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Autor:
Gussymor (1006 noticias)
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piratasblog.mlblogs.com
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