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Ana Isabel, una niña decente: infancia venezolana

09/01/2016 12:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageUn sitio abierto y lleno de gente es ideal para leer este libro de Antonia Palacios. Foto: Eduardo ArriecheTraer el libro fue impulso. Tenía pocas opciones para incorporar en mi maleta, la dura decisión de elegir con qué libros viajar o, mejor dicho, irme a vivir a otro país. Pensé: "¿Dónde voy a conseguir luego un libro de Antonia Palacios en Chile? Ni idea". Fue mi opción criolla-cliché, ese libro que le mandaron a leer a muchos en el colegio pero a mí no y siempre quise leerlo.Lo leí con calma. Para mí no resultó ser uno de esos libros para devorar en algunas horas, a pesar de lo corto ?unas 140 páginas en mi versión anciana de Monte Ávila Editores?, tardé varios días en terminarlo. También porque había capítulos que para mí terminaban en un vacío incómodo, con relatos inconclusos que me llegaron a desesperar y a buscar páginas que simplemente no existían.imageEl mejor lugar para leer este libro es, sin dudas, la Plaza La Candelaria.Me hubiese encantado poder hacerlo mientras vivía en Caracas.Tomé como alternativa santiaguina la Plaza de Armas, muy céntrica y concurrida. Foto: Eduardo ArriecheSin embargo, Ana Isabel resultó ser una niña traviesa que metió en mi maleta mis recuerdos de niñez venezolana. Antonia Palacios supo evocar situaciones de la infancia de forma brillante, sensaciones y emociones que había olvidado y que eran tan importantes en esa etapa.Palacios narra las reflexiones y aventuras de Ana Isabel, hija de una madre muy cuidadosa del "qué dirán" y un padre inconstante que ahoga sus fracasos en alcohol. Su hermano menor, Jaime, es quien acapara la atención y admiración de los más grandes. La familia Alcántara atraviesa una crisis económica que se manifiesta en la vida de la niña a través de limitaciones. Nos muestran un entorno amplio del mundo de la niña: los trabajadores de la casa, las amigas de Ana Isabel, la profesora, los animales, los niños de la plaza, el monaguillo, y su nana.Estefanía, la nana de Ana Isabel, permite a Palacios explotar las diferencias sociales, hacer énfasis en el estilo de vida y afianzar el debate entre pobres y ricos.Muchas realidades que Ana Isabel considera como lo que son: incomprensibles y absurdas.La mirada inocente de Ana Isabel suele resultar muy divertida. Sus intereses y prioridades, dignos de una niña, nos sacan risas y nos hacen estar de su lado en las frustraciones y hazañas.Así como Fernando Savater destaca en Lo que Enseñan los Cuentos que los educadores dicen que los libros de aventuras para niños solo muestran actitudes masculinas y odiosas en los protagonistas; Ana Isabel muerde, insulta, juega con varones y quiere ensuciarse.El día que fui a leer a la plaza, tuve la oportunidad de ver a"Ana Isabeles"en todas partes. Foto: AndreaMilianiPero también, como señala Savater, encontramos en esa niña su lado dulce y femenino: la inocencia ante los temidos pecados, las ganas de verse bonita y llevar un vestido bello con su cabello bien peinado.Esa sensibilidad de Ana Isabel se va desarrollando con su evolución: se transforma en una señorita.Este libro cargado de tintes autobiográficos, según menciona Juan Liscano en el prólogo, también arrastra esa identidad venezolana que nos amarra. Las tradiciones, las palabras, el estilo de vida y los lugares me hicieron sentir muy identificada con la historia a pesar de no haber crecido en Caracas. Además, al final del libro me encontré con un glosario con definiciones de palabras geniales: comae, ñaragatos, golpe tuyero, alfondoque, misia.Es un buen libro para recordar una infancia, reír y reflexionar un rato.El fragmento(Del capítulo La Piñata)?¡No hagas trampa, Ana Isabel! Ana Isabel está haciendo trampa, se está levantando el pañuelo.?Ven acá, Ana IsabelLa señora Rodríguez aprieta más fuerte el pañuelo sobre los ojos de Ana Isabel. Las tinieblas se pueblan ahora de estrellitas luminosas, de gusanitos dorados y rojos que se ensanchan y se convierten en grandes círculos.


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Autor:
Literatura En La Ciudad (92 noticias)
Fuente:
literaturaenlaciudad.com
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Reportaje
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