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Los Alpes sin nieve es la imagen de un futuro climático del que el hombre puede sentirse culpable

28/08/2016 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El cambio climático está produciendo el deshielo del permafrost y se han producido por lo menos 150 derrumbes en el macizo del Mont-Blanc desde el comienzo del verano. El nivel caluroso se ha repetido año tras añode 2003,

 

El calentamiento global y las altas temperaturas no solo está derritiendo los glaciares de los Alpes, , sino que también desmorona montañas, como  donde el deshielo del "cemento helado". Eso provoca derrumbes en serie desde hace 20 años, y se teme que 2016 sea un año récord.

Con por lo menos 150 derrumbes censados en el macizo del Mont-Blanc desde el comienzo del verano. El nivel del año extremadamente caluroso de 2003 se ha repetido año tras año, señala Ludovic Ravanel, investigador del laboratorio Edytem (Environnements, Dynamiques et Territoires de la Montagne) en Bourget-du-Lac (este de Francia).

Los derrumbes (la palabra se aplica más allá de 100 metros cúbicos de roca) ocurridos en verano en los picos Tour Ronde y Aiguille du Tacul dieron lugar a impresionantes vídeos difundidos por la sociedad de prevención de riesgos La Chamoniarde, que se pueden en su página web.

El papel del calentamiento climático en esos derrumbes ha quedado dramáticamente demostrado hace varios años. La degradación del permafrost, es decir terreno  permanentamente helado desde hace siglos, desempeña un papel central en ese fenómeno.

"No hay que considerar las altas montañas como algo sumamente sólido. A menudo, se trata solamente de una maraña de elementos rocosos cuya estabilidad se hace posible por la presencia de hielo", explica Ludovic Ravanel. "Si se derrite el cemento de las montañas, segmentos enteros de las vertientes pueden quedar sueltos y desestabilizados".

Los científicos reconstituyeron a partir de fotos 150 años de evolución de las paredes rocosas de picos alpinos y mostraron la relación entre los derrumbes y los períodos de altas temperaturas.

Desde 2007, una red de observación permite censar todos los derrumbes en dos tercios del macizo del Mont-Blanc: se contabilizaron 650 de estos fenómenos de 100 a 45.000 m3.

La mayoría de los derrumbes de laderas se producen entre 3.100 y 3.500 metros de altitud. "Más abajo, el permafrost está lo bastante frío para permitir una buena estabilidad", precisa el científico.  Los más graves derrumbes se registran en otoño o a principios del invierno, porque el calor tarda en penetrar en la montaña, en la que sigue avanzando incluso cuando ha vuelto a helar en la superficie.

El calor penetra en el corazón de la montaña hasta los meses de octubre o noviembre, e incluso más. Este año "a principios de agosto estábamos ya casi al nivel de deshielo del mes de octubre, es decir el nivel máximo de deshielo de los años precedentes", agrega.

Para la población el riesgo es todavía limitado.

Es decir que es probable que se produzcan derrumbamientos importantes en los próximos meses, cuando el calor haya alcanzado su profundidad máxima. Los mayores registrados en los últimos años tuvieron lugar en invierno: 3 millones de m3 del Miz Engallo (Suiza) a fines de diciembre de 2012 y 2, 5 millones de m3 en el espolón de la Breva (vertiente italiana del Mont-Blanc) en enero del 2000.

"Lo que es de temer es la multiplicación de ese tipo de veranos caniculares que aceleren la degradación del permafrost. Todo el hielo no se recobra necesariamente de un año al otro, y al año siguiente el deshielo es más rápido y más profundo", dice Ravanel.

¿Qué parecera Europa seca con los Alpes sin nieve?.Las próximas generaciones conocerán el paisaje por fotografía

 Dada la elevada altitud en la que se producen los derrumbes, la población no sufre..

Pero los más afectados son los alpinistas, que se ven obligados a abandonar ciertos itinerarios o a recorrerlos solamente al principio de la temporada.Y las empresas y organizaciones deportivas que se desintegran como el permafrost.

El deshielo libera historias de guerras.En la localidad italiana de Peio, la Primera Guerra Mundial nunca acabó completamente. El derretimiento de capas heladas de los glaciares Presena y Ortles-Cevedale está exponiendo a la vista de los lugareños numerosos restos de las sangrientas batallas entre el Ejército de Italia y el del Imperio austrohúngaro que tuvieron lugar en la zona en 1918. La parte principal del frente alpino se desplegó a altitudes de más de 2.000 metros sobre el nivel del mar. Ambos bandos construyeron auténticas infraestructuras bélicas en lo alto de las montañas, como trincheras talladas en hielo y rudimentarios funiculares para transportar al personal y las municiones hasta las cimas. Sin embargo, el peor enemigo tanto de los italianos como de los austriacos fue el frío –las temperaturas bajaron hasta -30ºC– y las avalanchas. Estos dos factores se cobraron miles de vidas.

Los primeros materiales históricos salieron literalmente a la superficie en la década de los 90. Incluían cartas, diarios y fragmentos de periódicos rusos: los austriacos llevaron a los Alpes a presos de guerra rusos capturados en el frente oriental para utilizarlos como mulas de carga humanas o para que realizaran los trabajos sucios. La cantidad de hallazgos empezó a ser tan numeroso que los habitantes del lugar crearon un museo temático.

En 2004,  Maurizio Vicenzi,  guía de montaña y director del Museo de la Guerra de Peio, vio tres cuerpos de soldados austriacos momificados en una pared de hielo cerca del pico de San Matteo, en Ortles-Cevedale, a una altura de 3.600 metros sobre el nivel del mar. Según Vicenzi comentó al diario británico 'The Telegraph', ninguno de los tres estaba armado y todos llevaban vendas en los bolsillos, lo que hace suponer a los historiadores que se trataba de camilleros que murieron durante la batalla de San Matteo, el 3 de septiembre de 1918.

No  sólo los glaciares del Himalaya se derriten a gran velocidad. En la reunión de otoño de la Unión Geofísica Americana (AGU), celebrada en San Francisco hace un tiempo,  Marie Gradient, una estudiante de doctorado en la universidad de Savoya, presentó los resultados de su investigación sobre el estado de los glaciares de los Alpes franceses, según informa la página web de la BBC.

El estudio de la científica y sus colegas se basaron en el análisis de imágenes satelitales, fotografías aéreas y mapas antiguos. Sin embargo, para asegurar la relevancia de los resultados, también se ha hecho trabajo de campo. Seiscientos glaciares se han inventariado en los Alpes franceses.

Glaciar en los Alpes franceses: deshielo del 20% en 25 años

Luego midieron la superficie actual y la compararon con la de las últimas décadas. Según estas estimaciones, los glaciares alpinos habrían crecido un poco menos de 340 km² en la década de los ochenta. En los diez años transcurridos entre el 2000 y el 2012 este área se habría reducido drásticamente, en 275 km². Una disminución del 20% en veinticinco años.

Para la maa de los glaciares alpinos, las estimaciones anteriores se realizaron en 1967 en el World Glacier Inventory (realizado por el National Snow and Ice Data Center,  NSIDC). La superficie de todos los glaciares alpinos franceses era de 375 km². La disminución en este periodo es del 26%.

El problema de los plaguicidas y los contaminantes también aparece

Las notas científicas afirman, sin embargo, que la intensidad de la fusión de los glaciares de montaña depende de  la variación geográfica. Esto podría explicarse por una diferencia en el clima y la altitud en el sur, las montañas son menos altas que en el norte y no hay más precipitaciones en el norte, que promueven la renovación de la capa de nieve. Esto entonces aumenta el albedo, lo que reduce la temperatura y facilita la reformación del hielo.

Este fenómeno también plantea un problema inesperado, el que puso de relieve en 2009 un estudio suizo: cuando los glaciares se derriten, liberan contaminantes que habían sido antes encerrados en el hielo. La presencia de plaguicidas, incluyendo la familia de organoclorados, se demostró en las aguas de un lago por debajo de un glaciar. El derretimiento de los glaciares en los Alpes y otras regiones, como en el Ártico podría sorprender en lo negativo. Uno de los muchos efectos indirectos del calentamiento global


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