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Agonía del crepúsculo

06/06/2009 08:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hay un devenir continuo. También Dios dejó atrás su canibalismo y optó por los vegetales olvidando el encono de Caín. La muerte no llega porque no hay tiempo para ella. Una rueda siniestra te atropella, te expulsa como bazofia a la soledad crítica

La gradación de tonos intensos que preludia la noche o despide el día, arrebata nuestros sentidos domados por la curiosidad instintiva que matiza más que al final del ciclo diurno a nuestras temerosas almas que se aterran ante su destino inminente, pues también vivir sigue el curso de la órbita. Extrañas fuerzas astrales nos arrastran al fin. La muerte es terrestre. Se desprenden las hojas del árbol, cae el fruto maduro, las formas cambian junto a los atributos. Hay un devenir continuo. También Dios dejó atrás su canibalismo y optó por los vegetales olvidando el encono de Caín. La muerte no llega porque no hay tiempo para ella. Una rueda siniestra te atropella, te expulsa como bazofia a la soledad crítica. El cielo está en alerta naranja. Remotos códices de un dios son captados en las poliformas. Los presagios son siniestros. No hay realización posible en tanto el hombre telúrico sueñe mundos ideales y su fatal designio marche junto a la avaricia suicida. No son las ideas tentaciones funestas. El fatalismo adquiere terribles resonancias, los destinos humanos están prefijados y es inútil querer cambiarlos. El universo espera en agonía la epifanía del nuevo hombre en tierras indianas. Las fuerzas astrales inciden sobre su temperamento con inaudita violencia. El hombre, sin alternativa, vive, crea y piensa en función del medio físico. Arrancado de su centro de gravedad, pierde su consistencia, su equilibrio, su valor, sus raíces y por tanto su savia.

Martí nos legó sabias elucubraciones al repecto: “El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se administra en acuerdos con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver (Nuestra América: 1891).”

Aún cuando se domestica la sociedad, como ahora, en la llamada V República, en el viejo teatro del puntofijismo, la evolución humana (decía José Ingenieros), sigue su esfuerzo continuo para adaptarse a la naturaleza que evoluciona a su vez, y para ello necesita conocer la realidad ambiente y prever el sentido de las propias adaptaciones: los caminos de su perfección. El genio de Bolívar fundó, un nuevo genio que viene consolidará y edificará trastocando el actual gobierno de transición que se desvirtúa en la praxis, se aleja sobre la palabra abatida sin savia para su resurrección. “Napoleón se infló y se elevó como un globo, le faltó el gas y fue a caer en un Islote, en medio de los Mares” (S. Rodríguez). Este gobierno se ha elevado sin gas, ¿quién lo salvará?

Es el pueblo que inventa la discusión, que inventa la crítica. Mira al pasado, y crea la historia; mira al futuro, y crea las utopías

El nuevo genio es la generación redimida de las cenizas dejadas por el conquistador avaro. Generación visionaria, afanosa de perfección y rebelde a la mediocridad, que comulga en la fe cristiana más pura, ardiendo en esa ascua sagrada que la impulsa hacia grandes acciones.

¿Soberbia utopía para el Chavismo? Sí. Como lo planteó Pedro Henríquez Ureña: “…hay que ennoblecer nuevamente la idea clásica. La utopía no es vano juego de imaginaciones pueriles: es una de las magnas creaciones espirituales del Mediterráneo, nuestro gran mar antecesor. El pueblo griego da al mundo occidental la inquietud del perfeccionamiento constante. Cuando descubre que el hombre puede individualmente ser mejor de lo que es y socialmente vivir mejor de como vive, no descansa para averiguar el secreto de toda mejora, de toda perfección. Juzga y compara; busca y experimenta sin descanso; no le arredra la necesidad de tocar a la religión y a la leyenda, a la fábrica social y a los sistemas políticos. Es el pueblo que inventa la discusión, que inventa la crítica. Mira al pasado, y crea la historia; mira al futuro, y crea las utopías” (Utopía de América: 1925).


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Garmeden (3 noticias)
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