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Acuerdo en Chile, una ruta consensuada

17/03/2018 21:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jesús María Casal/ El Universal Fotografías: Agencias imageimage1image PANORAMA reproduce una serie de reportajes elaborados por El Universal y cuyo contenido revela que, por grandes que sean las diferencias, no hay acuerdo que no pueda ser alcanzado cuando existe voluntad entre las partes. image La transición política vivida en Chile, que permitió pasar pacíficamente de la dictadura del general Augusto Pinochet al sistema político democrático que hoy ese país exhibe, es considerada por los expertos como una de las más exitosas. El sociólogo francés Alain Touraine afirmó en 1992 que esa transición no era perfecta pero sí "la mejor que yo haya conocido". Vista las cosas desde el presente, con logros ya alcanzados, se estaría tentado a sostener que la idiosincrasia chilena explica sobradamente este éxito.El "alma de Chile" a la que se refirió el cardenal Raúl Silva Henríquez, actor clave en la lucha contra los abusos del régimen militar, inclinada a la búsqueda de consensos, facilitó ciertamente las cosas, pero la realidad es que la gestación de acuerdos con miras al cambio democrático estuvo plagada de grandes dificultades, entre las que sobresalen los odios y divisiones que quebraron el alma nacional histórica a raíz sobre todo de la crisis suscitada en el gobierno de Salvador Allende (1970-1973), y de la crueldad y usurpación del golpe militar de 1973 y de la prolongada y despiadada dictadura de Pinochet, con antecedentes de polarización y fragmentación política que no es posible relatar aquí. Esta fractura fue muy profunda porque cada sector social y político quedó enfrascado o encadenado en "su" verdad sobre las responsabilidades respecto de lo ocurrido y en su reclamo moral hacia o contra los adversarios políticos.

En el largo itinerario de la transición chilena, que se distingue por su gradualidad y transacción constante, el Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia, suscrito en 1985, jugó un pel relevante. En la conmemoración del décimo aniversario de este Acuerdo, el entonces presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle aseveró que aquel "abrió las puertas a la democracia". Propiamente no las abrió, pues fracasó como intento de construcción de acuerdos entre representantes de diversas organizaciones políticas que diera lugar a un diálogo y negociación política con el gobierno militar y permitiera avanzar hacia la democratización. Marcó sin embargo un hito significativo en esta dirección. No en los resultados históricos concretos pero sí en un plano sustancial, como ruptura de barreras que parecían infranqueables entre concepciones políticas diversas y roximación a la resolución de interrogantes que aquejaban y dividían a las fuerzas democráticas. Se ha reconocido que el Acuerdo Nacional contribuyó a producir un doble punto de inflexión en el desarrollo de las estrategias y del espíritu de la acción política de buena parte de la oposición. Por un lado, allí destacados líderes de variadas organizaciones políticas se decantaron por luchar dentro de la institucionalidad del régimen militar para salir de él, en lugar de ostar abierta o principalmente por la senda del derrocamiento vía alzamiento popular o por medio de la violencia;se trataba de "introducirse en la Constitución de Pinochet" y de derrotarlo en ese terreno, como propugnaba Patricio Aylwin. Por otro lado, el ensayo que llevaron adelante, el esfuerzo que desplegaron para "comprender" y "ser comprendidos", en palabras del cardenal Juan Francisco Fresno, promotor de la iniciativa, favoreció una forma distinta de hacer política. Las discusiones que se suscitaron entre personas en diferentes puntos del arco político, desde la derecha partidaria del régimen pero consciente de una necesaria legitimación democrática hasta la izquierda socialista o democristiana, y la comprobación de que era posible identificar denominadores comunes a pesar de las posturas contruestas que subsistían en muchos temas medulares, fueron acicate para una concertación más amplia y programada que anticipó ulteriores conquistas. La coincidencia de todos en una "voluntad superior patrióticamente angustiada" (Gabriel Valdés) trazó una ruta llena de sacrificios, desprendimientos o cesiones en las propias convicciones o certezas, que terminaría definiendo la transición.

Antecedentes del Acuerdo

El Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia no fue una iniciativa aislada sino que estuvo precedida de ensayos de diálogo ocurridos en 1983 que naufragaron, y de logros como la Alianza Democrática (1983), que agrupaba a organizaciones socialistas y democratacristianas. Justamente, la evaluación de los errores de aquellos intentos de diálogo de 1983, entre los que fue subrayado el afán de protagonismo de los actores en los medios de comunicación o, en otras palabras, la falta de discreción en las conversaciones, sirvió de rendizaje para el proceso de 1985 que condujo al Acuerdo Nacional. En todos había participado el arzobispo y luego cardenal Fresno, lo que facilitó la revisión de los pros y los contras de cada uno. La reflexión sobre el diseño constitucional había tenido un antecedente digno de mención en el Grupo de Estudios Constitucionales o Grupo de los 24 (1978), aunque este trabajo colectivo de individualidades de diversa procedencia se había centrado en la formulación de algunas bases para una nueva Constitución para Chile, antes de que se robara (fraudulentamente) en plebiscito la que preparaba la dictadura (1980), mientras que el Acuerdo Nacional partió de la Constitución de Pinochet como un hecho, dejando de lado la discusión sobre su legitimidad, sobre el cual había que construir paulatinamente la regulación constitucional óptima en perspectiva democrática, tarea que comenzó con las reformas negociadas de 1989, avanzó con las de 2005, durante la Presidencia de Ricardo Lagos, y aún no ha concluido del todo.

Luego de los traspiés de 1983, en 1985 el cardenal Fresno reanudó las gestiones dirigidas a ayudar a conformar una articulación entre organizaciones de distinta orientación ideológica, para que pudieran representar un interlocutor autorizado ante el gobierno militar con miras a un diálogo nacional. Esta vez se resolvió trabajar de forma confidencial -lo cual no pudo cumplirse completamente- y, lo más importante, con una detenida preparación de los encuentros, que implicó elaborar cuidadosamente la lista de quienes serían invitados a la formulación del Acuerdo, así como precisar, a título provisional y con flexibilidad, los asuntos sobre los cuales versarían las conversaciones. Luego se organizaron desayunos por separado con cada uno de los líderes invitados, sostenidas por el cardenal Fresno o su equipo asesor, lo cual iba nutriendo la identificación de discrepancias y coincidencias y desembocó en un texto inicial ya redactado preliminarmente para llevarlo a la primera reunión general. Integrantes del más alto nivel político de varios partidos concurrieron a la convocatoria. Se trataba de figuras representativas de la Unión Nacional, del Partido Liberal, del Partido Nacional, del Partido Demócrata Cristiano, de la Social Democracia, del Partido Radical, de la Unión Socialista Popular, del Partido Socialista (Briones), del Partido Socialista (Mandujano) y de la Izquierda Cristiana. Esto suponía abarcar desde organizaciones de derecha que habían oyado sin ambages el golpe militar, pasando por la democracia cristiana y llegando al socialismo y a la izquierda cristiana. No participaron ni la Unión Demócrata Independiente, cuya cercanía al régimen comprometía la confidencialidad de los encuentros en la fase gestacional, ni el Partido Comunista y otras organizaciones afines, inclinadas a justificar todas las formas de lucha, incluyendo la de carácter armado. Después de suscrito el Acuerdo el 25 de agosto de 1985 se sumaron otras organizaciones. De este modo se creó un amplio espacio político a fin de edificar un consenso básico, más allá de la Alianza Democrática formada en 1983.

El Acuerdo se hizo público y se dieron pasos dirigidos a concretar sus objetivos, pero no fue posible. El general Pinochet rechazó definitivamente la iniciativa el 24 de diciembre de 1985 y encaró cínicamente al cardenal Fresno, rehusándose tajantemente a tenerla en cuenta..


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Autor:
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Fuente:
fundacionlaplomada.blogspot.com
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Reportaje
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