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En la actual situación de crisis, falta de trabajo, motivos psicológicos, etc... la juventud es presa fácil de la depresión

29/05/2017 05:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Más de 350 millones de personas en el mundo tienen depresión. Los expertos aseguran que los casos aumentan a la vez que disminuye alarmantemente la edad de los afectados. Los jóvenes son cada vez más vulnerables a padecer este tipo de trastorno psicológico que generan ya el 40% de las consultas

 

Más de 350 millones de personas en el mundo tienen depresión. Los expertos aseguran que los casos van en aumento a la vez que disminuye alarmantemente la edad de los afectados. Los jóvenes son cada vez más vulnerables a padecer este tipo de trastorno psicológico, cada vez más presente en la Atención Primaria, donde las alteraciones mentales más comunes generan ya el 40% de las consultas. Es por ello que los médicos han dado la voz de alarma y reclaman que los profesionales de medicina general tengan más tiempo de consulta que permita detectar posibles casos de depresión entre sus pacientes, a la vez que piden a sus colegas que pongan más atención para poder realizar diagnósticos de manera precoz.

El congreso organizado por la Sociedad Española de Medicina General y de Familia (SEMG), que se ha celebrado en San Sebastián, acogió un foro sobre ansiedad y depresión en el siglo XXI, en el que el doctor Antonio Torres, miembro del grupo de salud mental de la SEMG, señaló que uno de los factores fundamentales que provocan la depresión en los menores es que «no estamos educando en valores. Prima la educación de la riqueza, el capricho y lo inmediato, y eso hace que la juventud tenga una tolerancia mínima al sufrimiento y a la frustración». Fernando Gonçalves, coordinador del grupo de salud mental de la SEMG y otro de los ponentes del foro, afirmó que «hemos creado jóvenes excesivamente vulnerables a los que todo el mundo puede hacerles daño y no debería ser así».

En España se suicidan cada día diez personas. En estos primeros veinte días de mayo, 200 personas habrían perdido la vida por esta causa, unas 2.000 en lo que va de año. Los expertos aseguran que el 15% de los casos graves de depresión terminan en suicidio.«El 50% de los pacientes depresivos están infratratados».

Los últimos estudios han demostrado además que los efectos de la depresión van más allá del que la padece. "No hay familia que no quede afectada por la convivencia con un allegado que sufra depresión", asegura Torres. "Esta enfermedad puede tener efecto contagioso entre los familiares. En muchas ocasiones se plantan las bases de cierta vulnerabilidad cognitiva, que en el futuro serán factores de riesgo para que otros miembros de la familia puedan padecer una depresión". Las razones que pueden arrastrar a una persona hacia esa enfermedad son muy diversas. "La mayoría de las depresiones que conocemos son de carácter reactivo, surgen por algo que le ocurre a la persona. Existe una enorme carga de desequilibrio emocional en toda la sociedad, que es fuente de muchas depresiones", señala Torres del grupo de salud mental de la SEMG.

Según el Dr. Antonio Torres, -"la juventud tiene una tolerancia mínima al sufrimiento y a la frustración"-, y su colega, Fernando Gonçalves, añade, -"hemos creado adolescentes muy vulnerables a los que todo el mundo puede dañar"-.

Pero además del componente psicológico, los expertos afirman que la genética también tiene su influencia. "Hay personas que por su situación vital cabe pensar que pueden caer en una depresión grave o en un desenlace aún peor. Pero todo lo contrario, son el faro que guía a una familia entera, porque tienen unos valores y una genética potente que impiden que caigan en la depresión. Está demostrado que hay personas que tienen una vulnerabilidad orgánica mayor que otras", asegura Torres.

La depresión está clasificada como una enfermedad sistémica que afecta a todo el cuerpo "porque acorta la vida, porque influye en la discapacidad de los órganos y porque sabemos que es motivo de enfermedad y de aumento de muerte total, por no mencionar el suicidio”, apunta Torres. Esta es la principal causa de muerte entre los enfermos con depresión. “Un 15% de las personas con depresión grave acaba suicidándose", afirma Gonçalves. Son muchas más muertes que en accidentes de tráfico, por ejemplo, pero no se habla de ellas porque es tabú", añade el médico.

Para Gonçalves, es fundamental que los médicos de cabecera sean capaces de detectar "los casos de riesgo suicida en sus pacientes". "Es importante que se fijen en los posibles cambios de conducta, de actitud, incluso de imagen. Pueden dar muchas pistas sobre el estado de salud mental de esa persona”, señala el doctor. Asimismo, en los casos de suicidio o intento del mismo “lo normal es que durante el mes anterior hayan acudido al médico por las ideas que torturan su cabeza". El papel de los sanitarios, insiste, es el de "detectar, no interpretar", para realizar una intervención temprana de la enfermedad.

La tristeza y la melancolía son dos sentimientos presentes en algún momento de la vida de todas las personas, al igual que la alegría y el placer. Los dos primeros no son en sí patológicos, pero en algunas ocasiones pueden llegar a serlo para ciertas personas. Cuando el estado de ánimo de un individuo en un determinado momento de su vida sufre sentimientos severos y prolongados de tristeza o síntomas relacionados que afectan a su capacidad para relacionarse con otros, trabajar o afrontar el día, la tristeza se convierte en una enfermedad, que se conoce como depresión. La depresión no es común en los niños, aunque los abusos, pérdidas de seres queridos o que uno de los padres padezca una depresión severa, puede aumentar el riesgo. Normalmente, no muestran los signos típicos, sino que lo manifiestan en problemas en el comportamiento. Normalmente, irritabilidad, agresividad y problemas escolares.

Las causas de la depresión son variadas, pero la bioquímica puede ayudar a explicar algunos casos. Las personas deprimidas muestran niveles muy altos de cortisol (una hormona) y de varios agentes químicos que actúan en el cerebro, como los neurotransmisores serotonina, dopamina y noradrenalina. Estos niveles pueden estar elevados por motivos hereditarios. El origen familiar de la depresión puede estar en el comportamiento de sus padres, y son  los niños los que reciben una visión triste del mundo. Crecer en ese ambiente  no es totalmente enriquecedor. En los casos de depresión familiar, la tristeza se convierte en una enfermedad.

Respecto a la depresión que no está causada por motivos familiares, las pérdidas emocionales muy profundas pueden causar cambios bioquímicos que impulsen la depresión. Estos cambios pueden provocar la enfermedad no de una forma inmediata, sino más adelante. Otros factores pueden ser la pérdida de un trabajo, o la falta de capacidad de adaptación a determinados cambios. A pesar de que no se sabe exactamente qué provoca la depresión existen diversos factores identificados como los desequilibrios de los neurotransmisores del cerebro. Los fármacos antidepresivos pueden ayudar a solucionar este problema

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Conocer y evaluar los síntomas suele ser bueno para salir de esa cárcel. El estado de ánimo depresivo la mayor parte del día según lo indica el propio sujeto o la observación realizada por otros. En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable. Y también la disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades. En esos estados se puede producir una pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso.

 Otros síntomas suelen ser el insomnio o hipersomnia, la agitación o enlentecimiento psicomotores, la fatiga o pérdida de energía casi cada día.

Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse. Se producen sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados, acompañados de una disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión.

Para prevenir ese estado, aparte del tratamiento farmacológico o psicoterapéutico,   importantes ambos, una vez que hayan hecho efecto y que el paciente sienta que ha mejorado su condición, es bueno que se sigan ciertos consejos o modos de vida.

Tener pensamientos positivos, cuidar la salud física, manteniendo un calendario diario uniforme.

Reanudar las responsabilidades de forma lenta y gradual, aceptándose a uno mismo tal como es. No compararse con otras personas que considera favorecidas. Es necesario expresar las emociones, seguir en todo momento y hasta el final el tratamiento impuesto y seguir una dieta equilibrada. Reunirse periódicamente con el terapeuta. 

El factor genético ha sido muy descuidado entre los motivos de este mal, pero la medicina moderna lo tiene muy en cuenta

La depresión mayor se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren en la capacidad de las personas para trabajar, estudiar, dormir, comer y disfrutar de actividades que, en circunstancias normales, deberían resultar placenteras. La depresión suele ocurrir una vez, pero es una enfermedad que suele provocar recaídas a lo largo de la vida.

La distimia es un tipo de depresión menos grave. Los síntomas se mantienen a largo plazo, pero no evitan la actividad de las personas. También puede ser recurrente, es decir aparecer más de una vez en la vida.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el Estado español hay 1, 8 millones de personas mayores de 65 años que viven solas y de ellas, 368.400 tienen más de 85 años y el 72% son mujeres. En Euskadi, con una sociedad altamente envejecida, se contabilizan 232.000 hogares unipersonales en los que en la mayoría de los casos reside una mujer mayor de 65 años. Muchas personas mayores apenas reciben visitas y sufren problemas de salud asociados a la soledad. La soledad aumenta el riesgo de sufrir depresión en las personas mayores.

 Un fenómeno que va a más y que requiere nuevas políticas sociales debido al impacto que la situación tiene en la salud física y psíquica de los ancianos.

Tal y como señala el Eurodep, uno de los últimos estudios europeos más rigurosos sobre la depresión, esta enfermedad no tiene una prevalencia más alta entre los adultos mayores que en otros colectivos, pero sí existe una fuerte asociación con la situación de soledad en la que se encuentran muchos ancianos. En el conjunto de Europa, la depresión afecta al 12, 3% de las personas que superan los 65 años. La profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC Eulàlia Hernández asegura que es un trastorno psicológico muy común entre la gente mayor.

La depresión, pese a ser una de las enfermedades más extendidas del mundo, con unos 350 millones de afectados, todavía está muy estigmatizada, sin embargo, está considerada una de las principales causas de discapacidad dentro del capítulo de los trastornos mentales. De hecho, ocupa el cuarto lugar entre las primeras causas de enfermedad y se prevé que en 2020 estará en segundo lugar.

Pese a que el estudio Eurodep, realizado en diversas ciudades europeas, establece la incidencia de la depresión en el 12, 3% de la población mayor, los expertos señalan que es muy difícil saber exactamente en qué medida la sufren porque es muy probable que esté infradiagnosticada, ya que muchas personas no consultan al médico y algunos de sus síntomas se confunden y se asocian al proceso de envejecimiento o se camuflan con otras patologías.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que dos terceras partes de los afectados por un trastorno mental no llegan nunca a pedir ayuda a un profesional sanitario, a pesar de que se prevé que uno de cada cuatro habitantes del planeta sufrirá alguna forma de trastorno mental o neurológico a lo largo de su vida.

La población de más edad no es más susceptible de sufrir depresión que otros colectivos y tampoco hay grandes diferencias de prevalencia entre hombres y mujeres, solo en los casos más leves es ligeramente superior en mujeres.

Montserrat Lacalle, doctora en Psicología y profesora de Estudios de Psicología de la UOC, afirma que “lo que sí marca la diferencia es vivir en comunidad o estar institucionalizado”, ‒es decir, estar en residencias u hospitales. Y es que el hecho de estar institucionalizados por sí mismo ya es un factor de riesgo de sufrir trastornos afectivos, sobre todo después del ingreso en la residencia o institución sanitaria.

Entre los principales factores de riesgo de sufrir depresión -explica Montserrat Lacalle- también están la soledad, especialmente en edades más avanzadas, y entre los 65 y 75 años, el hecho de jubilarse, es decir, pasar de tener un rol activo profesionalmente hablando a no tener ninguna obligación laboral. “Una persona que durante 40 o 50 años ha dado mucha importancia a su vida laboral y, de repente, ve truncada esa vida, requiere unos procesos de reequilibrio importantes”, indica la psicóloga, que condiciona el riesgo de sufrir una depresión a la capacidad de adaptación a la nueva situación que tiene cada persona. “Las personas envejecen tal como han vivido el resto de su vida”, remarca. Una persona que siempre ha tenido una buena salud mental, que ha sabido afrontar los problemas, superar dificultades, adaptarse a los cambios, alguien que ha tenido tolerancia a la frustración y una buena aceptación de sí mismo ‒denominadores todos ellos de una buena salud psicológica‒, esa persona llega al envejecimiento y tiene más herramientas para hacerle frente.

“La jubilación se tiene que ver y entender como un luto, un proceso psicológico que se experimenta después de cualquier pérdida, no solo ante la muerte de un ser querido. Para prevenir que se convierta en un descalabro -señala Hernández- es bueno potenciar los factores de protección y las estrategias de enfrentamiento de la persona: apoyo social, relaciones familiares, autonomía física y mental...” . 

Las profesoras Eulàlia Hernández y Montserrat Lacalle coinciden en que el hecho de no tener pareja y de vivir solo es un factor de mal pronóstico en las personas mayores, mientras que los hijos y los nietos son factores protectores, animan a continuar estando activo y si se sufre un trastorno depresivo, son motivos para continuar luchando. De hecho, cuando aparecen ideas suicidas, algunos enfermos reconocen que no lo llevan a cabo por la familia, un argumento en que se apoyan los psicólogos durante la terapia. 

En opinión de Lacalle, sería muy interesante hacer una transición menos repentina entre actividad y jubilación, ir reduciendo progresivamente el ritmo de trabajo para que la rotura no sea tan brusca ni aparezca de repente un escenario nuevo que desestabilice nuestra seguridad emocional. Además, es importante promover la participación social en lo que sea significativo para la persona porque “es uno de los elementos que parecen proporcionar sentimiento de utilidad y pertenencia”. Y esto genera salud emocional, asegura Eulàlia Hernández.


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