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‘ Ahí te quiero ver’

16/01/2011 12:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

coratazardos"Cronopio". La palabra parece remitir al tiempo y uno enseguida mira el reloj, pero no tiene conexión alguna con el dios griego Chronos. La palabra aparece en un inusual y pequeño libro de Julio Cortázar "Historias de Cronopios y Famas". El libro no ofrece una definición, sin embargo a través de las conductas y actividades de los personajes que pululan por sus breves páginas el lector descubre el perfil de Cronopios, Famas y Esperanzas.

Cortázar tampoco sabe a carta cabal (como diría un Fama) definir a los Cronopios, él que nunca fue muy dado a conceptos sumarios y rotundos ni en la vida ni en la literatura. No obstante relata como tuvo conocimiento de estos seres raros y bastante fuera de la perspectiva de lo normal. Al parecer se encontraba en París, año 1952 (las fechas exactas fascinan a las Esperanzas) y el escritor asistía al Théâtre des Champs-Élysées (el francés hace delirar a los Famas) a un concierto en homenaje a Igor Stravinski, músico que al parecer lo marcó en profundidad, y que además dirigía la orquesta, también estaba Jean Cocteau, otra gran presencia para Cortázar en su juventud, que recitaba textos en una de las obras. Llegó el entreacto y todo el mundo salió y el escritor argentino se quedó en una de las localidades más baratas (típico en los Cronopios que tienen siempre lo justo) o como lo explica Cortázar: "...me quedé completamente solo en ese inmenso teatro y entonces de golpe tuve un poco como la percepción de que había en el aire personajes indefinibles, una especies de globos que yo los veía un poco de color verde muy cómicos, muy divertidos y muy amigos, que andaban por ahí, circulaban y su nombre era Cronopios..." .

Desde ese momento estos seres como pompas de jabón no lo soltaron y de a ratos fue escribiendo en hojas sueltas, engavetadas aquí y allá, sus efímeras y precarias peripecias, repletas de situaciones absurdas y un tanto embarazosas. De esos percances engorrosos en la que uno, alguna vez en la vida, se ha visto forzado a ser protagonista. Cierta vez, cuando joven, estuve de vendedor de aves de corral en un mercado. Era mi primer día y el trabajo consistía en abrir una jaula escoger la que cliente indicase para luego subirla a la balanza del peso. Estaba solo y el pequeño puesto se desbordó en clientes; la jaula se abrió y pollos y gallinas aprovecharon en desbandada para dar una vuelta por todo el mercado. Los comerciantes de otros puestos me ayudaron a recapturar a los irredentos emplumados y devolverlos a su jaula. Ese día en el mercado todo el mundo se divirtió de lo lindo con la persecución de las aves, todos hicieron bromas a mis expensas, pero la solidaridad de mucha gente en aquel caos me permitió conservar ese empleo por algún tiempo.

La poeta Alejandra Pizarnik, cronopisíma indiscutible, en un comentario sobre el libro escribió: "¿Quiénes son los Famas? Son la Precaución, la Mesura; el Sentido Común; la directora de una sociedad de Beneficencia (para alpinistas extraviados); un gordo con sombrero; un viajante de comercio, (...)¿Las Esperanzas ? Son unas bobas pero los Famas les tienen miedo. En cuanto a los señores Cronopios son los poseedores de cierto órgano que permite la visión y la percepción de la hermosura".

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Los Cronopios tienen espíritu artístico y son arriesgados aventureros por las selvas de su desordenado cuarto. Van de bohemios desplanchados, hippies descreídos o comeflores zen por la vida y siempre se apuntan a causas perdidas como salvar a las ballenas, etc. Tienen ocupaciones más bien extrañas y nada rentables como contar luceros en mitad del parque, estudiar la vida cotidiana de las hormigas, esconder los borradores de los censores, recolectar discursos políticos para empapelar la ingenua credulidad de los votantes.

Para mi Cortázar no es un escritor, sino un vicio placentero y este libro sobre los Cronopios recopila una buena terapia de humor con algo de poético o conectado con esa poesía sutil metida en los pliegues del día a día. Es un libro con una familia florida en rareza como esa rematadamente loca y siniestra conducta en los velorios, además trae un manual de instrucciones para subir una escalera, para cantar, llorar; instrucciones para matar hormigas en Roma e incluso un titulo extenso "Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades, y ahí te quiero ver". En fin libro que es indispensable releer siempre para que un mal día no devenga en catástrofe.

Nunca he sumado los puntos suficientes para ser un Cronopio, cuestión que no me lleva al abismo de la intranquilidad ya que siento mucha empatía con algunos Cronopios que conozco y aunque los Famas a veces me caen de la patada tengo entre mis amistades a buena cantidad de ellos y a las Esperanzas como son ni-ni y no hacen bulto les llevo el ritmo sin mucho entusiasmo.

Para ser un Cronopio a carta cabal se necesita un pequeño esfuerzo para captar la belleza de ese asombro definitivo que es la vida y Ahí te quiero ver. Este relato del libro pinta con exacta inexactitud lo que es un Cronopio: "Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina".

Carlos Yusti


Sobre esta noticia

Autor:
Correo Cultural (14166 noticias)
Fuente:
conartedevenezuela.com.ve
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
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